Un campo que sí está en O Porriño

Estar situado lejos del centro de Lyon y bien conectado son las características del moderno Groupama Stadium

Imagen del Groupama Stadium desde la tribuna de prensa, que tiene mucho espacio.
Imagen del Groupama Stadium desde la tribuna de prensa, que tiene mucho espacio. | J.C.

El Groupama Stadium es propiedad del Olympique de Lyon. Es la primera diferencia, aunque no la más grande, la concepción y la política de gestión es realmente opuesta a lo que se ve en España. En unos días en los que se habla de los estadios que van a formar parte del Mundial 2030 es necesario fijarse en el modelo creado en la ciudad de Lyon. O, mejor dicho, en su área metropolitana.

Campo fuera del centro

La principal diferencia con respecto a Balaídos u otros campos urbanos es que el terreno de juego del Olympique está lejos del centro de Lyon. Concretamente, en el municipio de Décines-Charpieu. Allí, en los campos que quedaban entre las casas unifamiliares de la localidad y la autopista se construyó un estadio moderno, que cumple todas las exigencias de seguridad y funcionalidad y que tiene al lado el centro de entrenamiento del Olympique de Lyon. Unos cuantos campos más y un edificio multidisciplinar, como un gran gimnasio. Por supuesto, en la construcción propia del campo hay oficinas, museos y demás elementos.

El transporte y el párking

Uno de los principales elementos a resolver cuando se decide sacar una infraestructura del centro de una ciudad es la movilidad del aficionado. En el caso del Olympique está resuelta con inteligencia y espacio. La primera es situar una línea de tranvía-metro a pie de campo, el transporte más rápido posible al campo con frecuencias cada diez minutos o menos y que deja a los asistentes en el centro de la ciudad. Para aprovechar recursos, comparte línea con el tren más rápido que va al aeropuerto de Lyon. Se llega antes que por carretera. El segundo punto es el espacio, que resuelve el siguiente problema, que es la demanda de párking. Al lado del campo, de nuevo, pegado a la autovía. Hasta siete zonas de aparcamiento en superficie con dos de estos espacios entre los cinco campos de entrenamiento y el campo, que será especialmente operativo para deportistas y trabajadores del club.

Túnel bajo el campo

La seguridad acostumbra a ser una de las cuestiones básicas en un gran evento y el Groupama Stadium posee bajo el campo una carretera que es atravesada por un autobús. De esta forma, jugadores, trabajadores o, incluso, aficionados visitantes, pueden ser conducidos a unas determinadas puertas que están separadas del resto. Se evita cualquier problema en la bajada y subida de los autobuses. Se puede perder el factor recibimiento a un equipo, pero siempre puede hacerse en la carretera de acceso y, después, bajar los jugadores a pie de vestuario bajo las gradas. Todo esto comparado con Balaídos habla de otro mundo. Bajo el graderío de Río pasa el Lagares.

La propia instalación

Construir un campo moderno permite crear una infraestructura acorde a una gran exigencia. La zona de trabajo (+de 100 puestos), la mixta, la sala de prensa (300 butacas) y la tribuna de medios son lugares óptimos para el trabajo de los profesionales. Bien hecho, con medios y espacio. Matices todos que exige la UEFA o la FIFA y que, en la comparativa con Balaídos, el campo vigués está a años luz. Y no hay margen para el arreglo.

El factor lejanía

Es cierto que no todo puede ser positivo de tener un campo tan lejos de la ciudad. Pierde cierto impacto o arraigo popular. Por ello, es preciso comunicarlo bien con el centro y tener más factores de atracción. Al lado del campo hay un centro comercial y también un pabellón polideportivo para el baloncesto (Villeurbanne) y conciertos con capacidad de hasta 16.000 personas. Resultó curioso observar como un par de horas después de terminar el Lyon-Celta, finalizaba un concierto en el LDLC Arena y salían de él otras 10.000 personas que se unían a las 40.000 que asistieron al partido. Una caudal de gente que se gestionó de forma cómoda y muchas de ellas abandonaron el recinto en el tranvía. Buena organización, que es casi imposible de realizar en un lugar mucho más urbano.

¿Se puede en Vigo?

La respuesta es no. Balaídos está completando la reforma y, pese a los sobrecostes, no se va a ir a los 480 millones de euros del Groupama Stadium. Es cierto que el proyecto francés es mucho más grande y solo el estadio son de 60.000 espectadores. Eso sí, las reformas que se proyectan en España no bajan de los 150 millones. El momento era tener la paz social y el consenso para haber iniciado un proyecto de estas características hace más de una década y, pese al coste social y político, renunciar a la ubicación actual de Balaídos por problemas de suelo, de propiedad del campo y medioambientales. Este es un punto clave porque va contra la historia del equipo y es lícito y entendible no renunciar a ello. Además, la ubicación de Mos en la que está la incipiente ciudad deportiva, en pleno monte comunal, en una zona escarpada, apartado de la autopista y sin opción de tren, no parece adecuada.

La utopía y la realidad

Sí, el campo del Lyon estaría en O Porriño, entre Atios y el polígono da Granxa. Quizás en Mos, en un extremo del polígono de A Veigadaña o, puede que en el PTL de Valladares, al lado del Álvaro Cunqueiro. Aunque allí ya no queda gran espacio. Son muchos los factores y todos deben coincidir: tiempo, espacio, voluntad, contexto social, entorno, infraestructura… Es complicado encontrar una fórmula perfecta y una solución realmente viable.

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