El Bernabéu deja plomo en las alas
Celta 1 - 2 Athletic
El Celta sucumbió con el Athletic en el juego de los errores de un partido de ritmo bajo por los esfuerzos coperos
Decía, con toda la razón, Borja Iglesias que la recuperación del futbolista es clave para el espectáculo. Es algo muy a tener en cuenta para que el fútbol no muera de éxito. La acumulación de más y más partidos provoca lesiones en el peor de los casos. Y en el mejor, encuentros olvidables como el de este domingo en Balaídos. Porque, para los aficionados de Celta y Athletic Club, no hay nada comparable a cuando juegan sus equipos. Pero para el neutral, sentarse a ver un encuentro así garantiza las buenas ventas de antiácidos, más allá de una posible copiosa comida de domingo para el que se quedó con hambre tras las fiestas. Sea como fuere, el equipo celeste sucumbió en un juego de errores del que salió airoso el conjunto rojiblanco.
Ese es el resumen corto. Pero quien escarba, siempre encuentra algo. Aunque sea arena debajo de la arena. A esa tesitura se enfrentó el Celta desde el minuto 1. Lo que en condiciones normales debía ser un partido vertigionoso, de ritmo irrefrenable, con idas y venidas, se convirtió en la siesta antes de la siesta. Normal. Tanto célticos como athleticzales traían el peso del esfuerzo en las piernas y el de la eliminación en el alma. La diferencia es que el conjunto vizcaino fue capaz de mirar hacia adelante mientras que el vigués, tal como dijo su entrenador en la rueda de prensa, se quedó con la mente en el Bernabéu. Y con la mordiente: solo tres disparos, únicamente el del gol entre palos.
De allí también vino una aversión arbitral que la grada de Balaídos se encargó de manifestar. Quizás no durante los 5 minutos anunciados, pero casi. Fueron compases de asentamiento, con una línea de tres centrales plenamente canterana. Yoel Lago respondió con su fiereza habitual a la oportunidad, Carlos Domínguez aguantó bien el tipo y Javi Rodríguez frenó en colaboración con Carreira las acometidas de Nico Williams.
El problema llegaba a la hora de atacar. La constucción de juego se convirtió en una quimera porque, a falta de energía para presionar, el Athletic Club fue una máquina perfecta en su estructuración defensiva. Cualquier futbolista local recibía la pelota apretado. Sin tiempo y sin espacio. Y sin frescura. Por eso, progresar a través del pase o la conducción era muy complicado y Borja Iglesias tampoco era capaz de imponerse en el juego directo. Apenas un buen balón filtrado de Cervi hacia Swedberg que acabó en centro sin remate.
Los minutos pasaban y cada vez estaba más claro que esto lo iba a dirimir un error o una pelota parada. El Celta convirtió un córner mal ejecutado en un robo cuando el Athletic salía y una transición en la que Pablo Durán eligió tirar con la zurda. El balón se fue desviado y a la derecha estaba Carreria. Antes, Swedberg ni siquiera chutó en una transición resuelta de forma nefasta.
En cualquier caso, todo transcurría según el plan de Giráldez. Llevar el partido vivo a la segunda parte y resolver con los cambios era la opción. Guiata había ayudado a que así fuera con un par de paradas. Y lo cierto es que los celestes mejoraron tras pasar por el vestuario. Con Mingueza y, sobre todo, con Hugo Álvarez. El ourensano fue el céltico más chisposo en esa mañana fría, húmeda y tediosa. También en lo meteorológico.
Con todo, los visitantes seguían mostrándose más duros que la clavícula de un Transformer. Si el Celta conseguía igualar esa faceta, el partido se habría saldado con un 0-0. Ni tan mal. Porque sin errores no habría goles. El tema es que sí los hubo: unos y otros. El que menos falla, falló. Un mal despeje de Javi Rodríguez le cayó a Nico Williams, que conectó con su hermano en la derecha para servirle a Berenger el primer tanto. Ilaix Moriba acababa de entrar. El segundo tanto visitante tuvo los mismos condimentos. Al minuto de la entrada de Douvikas y Manquillo, una ruptura de Gorosabel, una buena parada de Guaita y un balón muerto que el recién ingresado defensa madrileño no acertó a despejar. Vivian engatilló sin piedad a la jaula.
El partido parecía muerto pero otro error, en este caso de Adama Boiro, le dio vida. Su resbalón lo aprovechó Hugo Álvarez para darle algo de interés al último cuarto de hora. Pero no hubo manera. El Celta se instaló en campo contrario, pero las baterías estaban completamente fundidas. No encontró rendijas para colarse y cuando lo hizo, fue con fuera de juego mediante -cierto es que Durán no había marcado-. El duelo concluyó, Mingueza vio una roja innecesaria y, ahora sí, el trauma copero puede recibir su carpetazo. El Bernabéu dejó plomo en las alas y hay que disiparlo para volver a volar.
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