Más anillos que dedos
La cantera celeste brilla por sus centrocampistas y por un sistema que solo tiene sitio para dos
Los grandes nombres de la cantera del Celta en los últimos años, con excepciones en otras demarcaciones, destacan por ser futbolistas que juegan en la medular. A la camada liderada por Hugo Sotelo y Damián Rodríguez, que Claudio Giráldez llevó a Primera División, le sucede la quinta de Hugo Burcio y Andrés Antañón, que están dándole muchos argumentos al técnico porriñés para ser piezas a tener en cuenta esta temporada. David Sueiro, Mateo Sobral y Hugo López son parte de una generación futura que mantiene el mismo grado de expectación que sus antecesores.
Ese talento juvenil que aflora en A Madroa tiene el pequeño inconveniente de que, por el sistema de juego que se defiende en toda la estructura del club, solo tiene hueco en el once para dos futbolistas; a diferencia de otras entidades que sostienen planteamientos tácticos desde la base que utilizan tres centrocampistas. Esa peculiaridad invita a la congestión en la medular y hace que algunos mediocentros tengan que salir de Vigo cuando han demostrado tener las cualidades para poder rendir.
Por orden cronológico, los primeros jóvenes que irrumpieron en la élite, desde que Giráldez asumió el cargo en marzo de 2024, fueron Hugo Sotelo y Damián Rodríguez, hoy jugadores del Levante y Cádiz, respectivamente. Ambos futbolistas crecieron con el entrenador en las categorías inferiores célticas y protagonizaron, junto al ourensano Hugo Álvarez, la gran revolución que impuso Claudio para eludir el descenso en su primera campaña y va a llevar por segunda temporada consecutiva a recorrer el ‘Viejo Continente’.
El vigués disputó 63 encuentros con el porriñés en el banquillo del primer equipo, en los que acumuló 3.449 minutos, el 60,82% del tiempo posible, y demostró ser el joven con calidad técnica y salida de balón que apuntaba maneras hace años. El ponteareano, por su parte, disputó 29 choques como celeste desde que promocionó del filial. Sus registros de partidos son menores que su compañero, principalmente por el largo período que estuvo fuera de la dinámica del equipo por motivos extradeportivos, y aun así permiten ver la relevancia que tenía en la pizarra: 1.648 minutos y también más del 60%. La acumulación de efectivos en medio campo y los pocos puestos disponibles les llevó a estar este curso cedidos en el Ciutat de Valencia y el Nuevo Mirandilla.
Miguel Román, de la generación intermedia, fue fundamental en la plantilla hasta su lesión y su regreso en pretemporada ha sido de muy alto nivel.
Los llamados a asaltar la medular en el presente son Hugo Burcio y Andrés Antañón. Los méritos del galapagueño en la pretemporada, demostrando una madurez, liderazgo, temple y veteranía impropias de un joven que solo ha jugado un partido en el fútbol profesional, son la muestra en que se apoyan miles de celestes para que promocione próximamente.
Poco se pudo ver este verano a su socio en la sala de máquinas, aunque fue por motivos deportivos: fue seleccionado para el Europeo sub-19 con la selección española y acabó alzando el trofeo al cielo de Wrexham. La capacidad de brillar en espacios reducidos, marcar el tempo del juego y su polivalencia entre el pivote defensivo y mediocentro ofensivo son sus principales atributos que le hacen ser uno de los nombres a tener en cuenta en el corto-medio plazo.
La hornada que A Madroa cocina desde hace años empieza a despuntar en la categoría sénior. Como parte de la filosofía de apuesta por el talento de ‘kilómetro cero’ y motivado por las bajas en el segundo equipo, Fredi Álvarez hizo uso de los juveniles de División de Honor y Nacional para la pretemporada con buenos resultados.
Mateo Sobral, David Sueiro y Hugo López son los ‘niños’ que empiezan a salir en las conversaciones de los aficionados y todo son buenos calificativos para ellos por las pinceladas que han dejado con sus virtudes futbolísticas este verano.
Tres camadas con el sello de A Madroa, siete futbolistas nacidos en un margen de siete años, calidad técnico-táctica desmesurada y la limitación espacial de un dibujo en que solo entran dos nombres.
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