La villa de Vigo se fortificó a instancias de sus vecinos
HISTORIA VIVA DE LA CIUDAD
El sistema defensivo se comenzó a levantar en 1656 con un diseño singular realizado por los propios vigueses
La arqueóloga Matilde González Méndez realizó un trabajo donde descubre entre otras cosas que la Muralla de Vigo fue construida a partir de 1656 a iniciativa de los propios vecinos de la (entonces) villa, antes de que la Corona hubiera librado presupuesto para ello, que lo haría en 1658. La causa estaría en la sucesión de asaltos a la villa, que se habrían iniciado con Drake, que desembarcó y saqueó, y continuado con el corsario John Culpepper que cañoneó la plaza y destruyó casas. Toda las fuentes consultadas por la arqueóloga coinciden en que los propios vecinos participaron e incluso el diseño del perímetro es de un militar vigués, el capitán Andrés de Arce y Castro. El resultado es una muralla que no responde a los principios básicos de simetría, firmeza y comodidad. ¿Entonces? La respuesta está en que se adaptó a la orografía y formas del terreno. Dejó fuera los barrios nuevos del Placer, Areal, Berbés y Falperra por estar sobre arenales o quedar fuera del dorsal.
En 1665 ya estaba construida y pasó la primera prueba cuando los portugueses llegaron a Bouzas, pero no intentaron entrar en Vigo precisamente por su defensa. En 1702 llega la Batalla de Rande, y Vigo se libró también del asalto, aunque había tropas acantonadas y se cerraron las puertas. En 1719 la villa es de nuevo atacada por ingleses con 5.000 hombres. A la vista de la superioridad numérica (1.500 soldados españoles y 5.000 de milicias sin experiencia) se decide rendir la villa y combatir desde O Castro y previamente volar la parte del castillo de San Sebastián que mira hacia el Castro. La fortaleza se rendirá tras seis días de asedio y los ingleses se marcharán tras asaltar e incendiar 78 casas.
La villa quedó empobrecida hasta que a partir de 1730 comenzaron a llegar mercaderes y hombres de negocios que animan la actividad del puerto, muchos asturianos y castellanos. Luego catalanes, destacando Marcó del Pont, que en 1773 pedirá a Carlos III despachar navíos a Cuba y las Antillas para operar en las mismas condiciones que el puerto de A Coruña. A finales del siglo XVIII Vigo comienza a crecer y recuperar la población que tuvo en el siglo XVI. En el XVIII y principios del XIX se hicieron informes sobre el estado de las murallas que coinciden en las magníficas condiciones del puerto y la Ría y en la deficiente construcción de sus defensas y en la necesidad de reparar baterías y brechas y dejar expedito el recorrido, interrumpido por construcciones demasiado próximas.
LLEGA EL XIX
Vigo inicia el XIX con una intensa ocupación del recinto amurallado y la extensión de los barrios extramuros, sobre todo Areal y Salgueiral. Allí se instalarán los catalanes. En 1809 llega la Reconquista, tras la toma de la villa por los franceses, sin resistencia. A partir de ese momento, Vigo no dejaría de crecer.
Curiosamente, si bien las murallas fueron pensadas con fines defensivos y militares sirvieron a otras funciones, como la tributaria. A sus puertas se situaba los fielatos o puestos donde se cobraban impuestos sobre productos de consumo que entraban en la ciudad. En 1840 había seis.
También se utilizaron las murallas como control de epidemias. Ejemplo fue la de cólera, de 1833, que duró dos meses. Entró por Vigo en un barco inglés, extendiéndose al interior, aunque según Taboada y Leal, no hubo muertes. Pasado el brote, planteó convertir San Simón en lazareto. Se aprueba en 1838 y la isla comenzaría a funcionar como centro de cuarentena en 1842. Daría un enorme impulso a la ciudad, pues obligaba a fondear en la Ría a buques, que a su vez generaban actividad en talleres, astilleros y pensiones. Pero las murallas ya se habían quedado obsoletas y llegaría su derribo.
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