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La vieja Ferrería, solo con 300 vecinos tras diez años de obras

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La vieja Ferrería, solo con 300 vecinos tras diez años de obras

La calle Ferrería, que daba nombre al barrio, todavía cuenta con edificios en ruina
photo_cameraLa calle Ferrería, que daba nombre al barrio, todavía cuenta con edificios en ruina

El Consorcio Casco Vello cumple diez años de reforma y aún queda otro tanto por hacer

n n n Diez años de trabajos de rehabilitación y 40 millones de euros invertidos después han servido para el Casco Vello vigués haya mejorado y mucho en su aspecto exterior, con edificios reconstruidos y cada vez  menos ruina, pero eso no ha supuesto más población sino al contrario: a más rehabilitaciones, menos habitantes. Ya ha dejado de ser un lugar oscuro, que salía en los programas nacionales de televisión, con calles por donde no era recomendable pasear. Por este lado, el trabajo de Consorcio Casco Vello (CCVV), que todavía se prolongará al menos una década más, ha sido un éxito. Otra cosa distinta es si el barrio histórico, y más en concreto la Ferrería, se ha convertido en un lugar apetecible para vivir tras el enorme esfuerzo realizado. Y la respuesta no puede ser aún positiva, atendiendo a las cifras. Según los datos que maneja el CCVV, conformado por la Xunta (90 por ciento) y Concello (el otro 10) la inversión realizada ha permitido reformar y convertir en habitables 80 inmuebles del Casco Vello -de los 232 catalogados en estado deficiente- y de ellos 60 ya se rehabilitaron o se está trabajando en ellos. De ahí salieron 32 locales comerciales y 105 viviendas protegidas. Ignacio López-Chaves, presidente del CCVV, destaca la dificultad que se encuentran para comprar edificios porque a menudo son varios los propietarios “y con que uno no quiera, nada que hacer”. De ahí que insista en que el Concello apruebe el convenio y expropie los inmuebles más conflictivos pagando el Consorcio Casco Vello, lo que agilizaría todo. López-Chaves destaca que hay interés por vivir en el Barrio Alto y en todo el casco histórico, y la prueba sería que a las subastas de viviendas se presentan hasta 58 ofertas: pasó recientemente en Subida á Costa 5. 
Sí, pero… Las dos principales calles de la Ferrería, hoy Barrio Alto o de San Sebastián, apenas han ampliado vecindario, que no alcanza los 300 vecinos. En concreto, la que da nombre, subió en tres años de 77 a 88 residentes, según el censo municipal más actualizado. Es una buena cifra, pero a cambio Abeleira Menéndez, la segunda en importancia y entrada principal, bajó de 69 a 62 pese a todos los cuidados. Otras dos vías importantes mantienen una población reducida, y así, Subida ao Castelo tiene 20 vecinos, mientras las cosas parece que han ido algo mejor en Cruz Verde, que ya suma 54, sus mejores datos. Esta última calle, cuyo nombre recuerda que en algún momento del siglo XVIII hubo una persona miembro del Santo Oficio allí viviendo o incluso una “oficina”, es quizá la que más ha cambiado, en parte por la instalación de algunas oficinas, las escaleras mecánicas que han incrementado el paso de personas y sobre todo por la demolición de dos de los últimos locales de “alterne”. Porque ahí está la clave: aún quedan al menos dos activos en Abeleira Menéndez y San Sebastián, y además algunos pisos donde se ejerce la prostitución de calle, visible. No hay forma de eliminarla porque los propietarios no quieren vender y aunque es minoritaria, resiste. En cuanto a los bajos comerciales, buena parte e los que han abierto acabaron cerrando, precisamente por la falta de “vida”. Fue el caso de un obrador de panadería, que apenas resistió unos meses. El mismo destino que el laboratorio de fotografía y una tienda productos ecológicos. Cierre tras cierre. Y la posibilidad de apertura de bares está tasada y prohibida, para evitar que acaben como locales de noche y todo el esfuerzo no haya valido para nada. 

MÁS PROTECCIÓN
Vecinos del Barrio Alto han reclamado más protección, un cuartel de Policía "o cuando menos que haya patrullas regulares". El otro problema es que no sólo no hay tiendas -la última histórica también cerró- y que las viviendas carecen de ascensor. Es que no hay garajes ni plazas de aparcamiento cerca. "Hemos pedido al ayuntamiento que el estacionamiento de Porta do Sol fuera para residentes del Casco Vello pero parece ya imposible", explica María, una vecina. La vida no es fácil en el Barrio Alto: pese a que los edificios están bien rehabilitados, aún la mitad del conjunto necesita una reforma a fondo, y eso significa 10 años más de obras. Pese a ello unas 150 personas se han dado alta, familias completas. No son muchos, pero una década atrás quizá eran la mitad, dicen en el CCVV, cifra que no confirma los censos. La paradoja es que hace 20 años, en plena ruina, eran el triple. n

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