MANOLO GARCÍA CANTANTE Y COMPOSITOR, EX-VOCALISTA DE EL ÚLTIMO DE LA FILA

“Soy músico hasta el tuétano, no hay ninguna vanidad en lo que hago”

Manolo García (Barcelona, 1955) actuará en el auditorio Mar de Vigo de Beiramar este viernes. Emocionado al enterarse que su concierto coincide con el Día das Letras Galegas, muestra la imagen de un artista centrado en su creación, al margen de la industria que lo rodea.

Manolo García actuará este viernes en el Auditorio de Beiramar
Manolo García actuará este viernes en el Auditorio de Beiramar
“Soy músico hasta el tuétano, no hay ninguna vanidad en lo que hago”

Por primera vez ofrece un recital en acústico, ¿por qué apuesta ahora por este formato?
Desde que comencé en el 1981 con Los Rápidos siempre he actuado en electrónico, con formación rockera. Nunca fui de los que me prodigué fuera, en América, no quería exprimir demasiado el limón. Siempre me da mucha pena acabar una gira y de esta vez se me ocurrió reinventar mis canciones en acústico. No quería parar.
En Vigo, al igual que en muchas paradas de la gira, está a punto de agotar las entradas (solo quedan 42 en la zona D). Parece que esta propuesta está siendo bien acogida por sus seguidores.
Como los tenemos sentados, están más calmados. Enseguida se dan cuenta de que no es nada raro, ni irreconocible. Mi voz se escucha más, no tengo que hacer tanta fuerza y se aprecian más matices. Está resultando una bonita experiencia y el público pide más, así que no se deben aburrir.
 

El nombre de Manolo García siempre estará ligado a El último de la fila. ¿Qué queda en usted de aquella época?
Queda lo más importante, la ilusión y la pasión por la música. Trabajar en solitario me da más libertad, aunque recuerdo mi época en la banda con simpatía y emoción. Fui cantante, compositor, arreglista y músico, junto a  Quimi Portet. Lo dejamos no porque lo buscase, ya que yo estaba encantado en el grupo, ahora sigo en lo mismo. Lo importante no es tanto el éxito conseguido, sino la posibilidad de que te dejen seguir cantando. No me da ninguna pereza la carretera, la disfruto ahora más que nunca. Me sigo emocionando al subir al escenario.
 

Son casi cuarenta años en la profesión y usted mantiene la misma ilusión, pero ¿cómo ha cambiado el público o la propia industria?
Más que haber cambiado, la han cambiado. Los músicos somos personas a quienes crear es una necesidad, luego se trata de poner en la oreja de la gente lo que hacemos y sin pedirnos permiso, ni opinión, lo han cambiado todo. No han tenido en cuenta la energía, el esfuerzo y el cariño que se invierte en cada canción. En este proceso de digitalización, el oyente apasionado se ha perdido. De los millones de españoles que escuchan música, solo 1.500 pueden hacerlo con una grabación de calidad en un equipo de sonido de calidad. El resto tiene que conformarse con los MP3. También nos quitaron el gusto de hacer un disco con diseño en la portada, que en los 70 y 80 llegó a ser el reflejo de la cultura callejera. Caímos en la trampa de las compañías y nos metimos en este fregado, pero ya están surgiendo voces contra esto.
 

Su último disco vendió más de 40.000 copias y obtuvo un Grammy latino. ¿Cómo se es un superventas y llevar una vida normal?
Mi pretensión es ser músico. Ofrecer canciones que emocionen y que hablen de lo que yo veo. No hay vanidad en lo que hago. Mi interés es la música, no la fama ni el dinero. Soy música hasta el tuétano.
 

¿Qué Manolo García se escuchará en Vigo?
Tocaremos un repertorio variado: del último disco habrá cuatro o cinco temas, pero también incluiré canciones más antiguas, algunas de los 80, de mi época con Los Rápidos.
 

Precisamente este último disco, “Geometría del Rayo” es considerado por muchos su mejor trabajo. ¿En qué momento se ve?
Los discos son una entrada emocional. Los músicos a los que yo respeto no hacen discos por componer, ni para comprarse un Ferrary. Los de verdad no son así. Son anhelos que van y crecen. Mi manera de trabajar es día a día. Ahora estoy buscando sonidos con la guitarra y escribiendo. Con nuestra música intentamos aportar a este disparate que es la sociedad en la que vivimos.