El SOS del Conservatorio Superior
VIGO
Goteras, filtraciones, humedad y frío son las condiciones que alumnos y profesores tienen que afrontar para acudir a clase en el centro de O Castro. Piden una actuación urgente a la Xunta que reafirma su compromiso
“Tenemos que estar en clase con abrigos y con guantes, así es muy difícil tocar, el sistema de calefacción no funciona y sobre todo estos días, pasamos mucho frío”. Sara Lía Ochogavias, estudiante de piano, es la representante de los alumnos en el Consello Escolar, asegura que en esas circunstancias no pueden acudir a clase “de forma digna”.
Además de las difíciles condiciones en las clases, los alumnos se quejan de no poder dejar los instrumentos en el centro. “La humedad los estropea, se desafinan y aparecen con moho”.
Con la vuelta a las aulas, reiniciaron las acciones de reinvindicación ante la Xunta, comenzadas en 2019 y paradas durante el confinamiento. Al tratarse de un centro de titularidad pública, las competencias del mantenimiento recaen sobre la administración autonómica. “Nos reunimos con la anterior delegada territorial, Corina Porro, que se comprometió a solucionarlo, pero quedó en nada”, afirma la representante estudiantil que asegura que seguirán con las movilizaciones.
Por su parte desde la delegación de la Xunta en Vigo, y ante las preguntas de Atlántico, remitieron un comunicado en el que reiteran su compromiso con el centro. Aunque reconocen las carencias del inmueble, afirman que “desde el año 2003 se invirtió en el Conservatorio Superior de Vigo cerca de 850.000 euros en arreglos como la reparación de las cubiertas o la corrección de humedad”. Inciden en que este curso se realizaron actuaciones de detección y solución de filtraciones por una cuantía de 20.000 euros. Aseguran que se está estudiando la contratación de las obras más urgentes y que se tiene previsto encargar un proyecto técnico de rehabilitación que identifique las deficiencias existentes y licitar las obras en el primer trimestres del año.
Para los alumnos se necesita un plan integral que de una solución duradera. “Hasta ahora se fueron poniendo parches pero sin acometer el problema estructural de una construcción de hace 60 años; cuando se instaló el Conservatorio en este inmueble no se hizo ninguna adaptación a las necesidades de la actividad, no se hicieron aislamientos, ni se instaló un sistema adecuado de calefacción, hay un acumulador de calor que no es suficiente”.
Una situación que no mejoró con la construcción del edificio anexo, hace 20 años. “Es una construcción con la techumbre plana y en la que se repiten los mismos problemas ya existentes”.
El equipo directivo no se posiciona abiertamente, pero extraoficialmente muchos docentes apoyan a las reivindicaciones de los estudiantes.
El complejo de O Castro está integrado por tres bloques diferentes que albergan el auditorio Martín Códax, 47 aulas, una sala orquestal, un laboratorio de informática y electrónica y 8 puestos de estudio a disposición de los estudiantes. En el 50 aniversario del CSM de Vigo, en el 2006 recibió el Vigués Distinguido.
Sin iluminación pública y baches tanto en aceras como en el párking
Pero las carencias de los estudiantes de cursos superiores de música en O Castro no se limita solo a las competencias autonómicas. Desde el Consello Escolar reclaman una solución para el entorno del Conservatorio, que depende del gobierno local. Reconocen tener varios frentes abiertos para solucionar las carencias del centro.
“El acceso no es nada fácil, porque las aceras están llenas de baches, y al entrar cargados con los instrumentos es sencillo perder el equilibrio, ya se cayeron estudiantes y profesores”, afirma Ochogavias. En la misma situación se encuentra la zona de aparcamiento, en O Castro, donde las lluvias lo hacen intransitable.
Explica que la iluminación público es otra de las carencias, que se agrava en invierno donde en el horario de tarde ya es de noche: “Vamos a ciegas”. Y finalmente, si bien reconocen complicado la llegada del autobús urbano al parque, piden que el Concello equiparen sus tarifas a las de los universitarios, unos 20 céntimos menos por billete que la tarjeta verde de estudiantes: “Aunque no estemos integrados en la Universidad, cursamos estudios superiores”.
Por otra parte, desde el Concello recibieron el respaldo de sus reivindicaciones ante la Xunta a modo de moción, aprobada por unanimidad en el último pleno de 2020.n
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