Por identidad, no por orientación sexual

Vigo

Siete familias viguesas que forman parte de la asociación de menores trans, Chrysallis, luchan para dar visibilidad a su realidad y acabar con la desinformación sobre su colectivo

Publicado: 25 abr 2021 - 02:04 — Actualizado: 26 abr 2021 - 02:50
Sole Fernández, a la derecha, con tres familias viguesas de Chrysallis, Carla,  Dylan, Aran, Ana y Carmen.
Sole Fernández, a la derecha, con tres familias viguesas de Chrysallis, Carla, Dylan, Aran, Ana y Carmen.

El Gobierno continúa tramitando una Ley Trans, una iniciativa que rechazan ciertos círculos sociales. La asociación Chrysallis acompaña y asesora a los menores y a su entorno en el tránsito social que supone el cambio de género. En Vigo cuenta con siete familias asociadas que experimentaron en primera persona lo que supone dar el paso. “Hay una grandísima desinformación de la realidad trans, ¿cómo se puede dudar de la veracidad de un menor, que pese a todas las expectativas que se generan al nacer con respecto a su corporalidad, desafía a toda autoridad, familia y colegio, para decir que no se corresponde con lo que siente? ”. Así, Sole Fernández, presidenta de la asociación, explica que cuando un menor da el paso “no es por capricho, nadie mejor que uno puede tener conciencia de su condición”.

Señala como el error más frecuente confundir la identidad sexual con la orientación sexual. “A mi hija le asignaron otra identidad al nacer, la de niño, la llegaron a llamar maricón con faldas, pero es una niña hetero; las personas trans no cumplen ningún estereotipo, cada uno tiene su personalidad y sus gustos”.

Como madre de una chica trans, la principal preocupación de Sole siempre fue que la aceptasen como era. “Para naturalizar hay que formar, educar en las escuelas, un aula con un niño trans es una oportunidad única para vivir en primera persona la diversidad, para integrar al alumnado hay que adaptar el currículum”.

Su hija Patricia desde pequeña quiso vestidos, pintarse las uñas, disfraces de princesa y se definió como una niña al poco de empezar a hablar. “Lo hacía en casa y no le dábamos más importancia, pero comenzó a querer comportarse así también en la calle, me arrepiento porque en un primer momento no quería que lo hiciese”. Tras unos años, el pediatra le dijo que podía ser un caso trans. “Nunca se me había ocurrido, pero ella siguió defendiendo su postura y a los 11 años la acompañamos al endocrino; aunque algunos no tienen, o no sienten necesidad de modificar su cuerpo, Patricia sí quiso hacerlo”. Antes de poder adoptar socialmente su nombre, tuvo que acudir al psiquiatra durante varios meses, “para que le dijese lo que ya sabía, que era una niña”.

Pese a estar en un entorno favorable, la adolescencia fue dura. “Ahí sí necesitamos apoyo, los niños no se le acercaban, fue difícil; ahora es una joven feliz, de 20 años, cariñosa, guapa, trabajadora y con relaciones normales”.

Chrysallis defiende la nueva ley “por una cuestión de igualdad, de derechos humanos, hay que permitir a las personas ser lo que son, la autodeterminación con respecto a la identidad sexual tiene que ser con independencia de la edad”, afirma su presidenta.

Aran: “No tengo una enfermedad mental, ni me disgusta mi cuerpo”

Aran Diego tiene 18 años y a los 16 hizo su tránsito social. “Tenía miedo a exteriorizarlo, pero llegó un momento en que no pude más”. Primero tanteó a sus padres y para su sorpresa, solo esperaban a que él se decidiese a dar el paso. “Desde pequeño sabíamos que era un niño, por la ropa que le gustaba, los juguetes, la forma de estar, pero tenía que ser él quien lo dijese”, afirma su madre, Carmen Riobó, que reconoce que muchas amistades e incluso familia les dieron la espalda.

Un rechazo que también notó Aran: “En clase con la tutora no tuve problemas, pero muchas amistades se alejaron”.

Lleva un tiempo hormonándose. En su DNI ya pone su nombre, pero el género aún es M(ujer). Tendrá que esperar dos meses. “Es necesaria la ley porque para iniciar el proceso obliga a hormonarse y a obtener un informe de un psiquiatra conforme siento disforia, pero yo no tengo ninguna enfermedad mental, ni me disgusta mi cuerpo; no pedimos privilegios, solo igualdad”. Aran se presenta como ‘él’, aunque en realidad se considera no binario: “Prefiero no crear más confusión, pero hay quien no se identifica ni con un hombre, ni con una mujer o con ambos; utilizo el pronombre masculino para mí, pero acepto el neutro, me apena que se cree esta polémica porque no dejan de ser etiquetas”.

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