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“La felicidad también se aprende, hay que saber salir de las emociones negativas”

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JULIA FERNÁNDEZ AUTORA DE “PEQUENAS HISTORIAS. PARA FALAR DE EMOCIóNS”

“La felicidad también se aprende, hay que saber salir de las emociones negativas”

Julia Fernández trabajó en el aula de lhospital 10 años.
photo_camera Julia Fernández trabajó en el aula de lhospital 10 años.

 “Percorrín moitos mundos na busca da felicidade, e ela estaba ahí, agochada en mín”. Esta es una de las reflexiones que aparecen en los relatos del libro “Pequenas historias. Para falar de emocións e sentimentos” (Galaxia) que acaba de llegar a las librerías. La idea central del libro es que también se puede enseñar a ser feliz y a controlar las emociones y cuanto antes se haga mejor.

¿Cuándo se decidió a escribir este libro?
Ya hace tiempo, cuando estaba como profesora en el Aula del Hospital Xeral (Pediatría) y veía lo necesario que es trabajar la parte emocional en los niños. Yo leía mucho relacionado con eso, porque me parecían muy importantes las emociones allí y en cualquier colegio. Me di cuenta de que lo importante en la vida realmente es aprender a ser feliz con hábitos y con autodisciplina, que es una de las cosas que nos ayudan a ser felices, y para eso hay que trabajar la parte emocional. 

¿Qué le sorprendió en su contacto con los niños del hospital?
Lo que me sorprendió es que niños muy enfermos eran capaces de implicarse en todo y de mantener cierto grado de felicidad y de bienestar, mientras que otros niños que estudian en colegios normales o niños del hospital que estaban más  o menos bien se ponen histéricos por todo, andan amargados. No dependía a veces del medio social en el que están , aunque también influye, dependía de algo más:  me di cuenta de que depende de saber provocar emociones positivas y de no quedarse enganchado a las negativas. Esto no quiere decir que no tengas que estar triste cuando hay que estar triste, pero luego hay que saber salir de la tristeza, y cuando estás enfadado hay que saber salir del enfado sin agredir a los demás ni a uno mismo. Entonces me puse a escribir el libro, está dentro de la colección de Galaxia que se llama “Intervención social/Didáctica”.
¿Para quién está pensado?
Creo que es para cualquier padre o madre, profesor, educador o persona que tenga contacto con niños. También vale para los adultos porque en el fondo el control emocional también se aprende de mayor.

¿Qué se va a encontrar el lector?
Tiene una primera parte en la que lo acerco mucho a cosas que yo viví sobre lo que hay que hacer y lo que no, creo que se entiende muy bien. Luego tiene una parte final que son historias basadas en hechos reales que viví en el hospital y que sirven para trabajar la tristeza, la alegría, el miedo, la autoimagen, la muerte y la amistad, o la tranquilidad. Están basadas en una niña que a los 18 años se acuerda de que estuvo en el hospital y rememora cosas que le pasaron allí, algunas imaginativas, otras fantásticas y muchas basadas en hechos reales. Estaría muy bien para leer a niños  a partir de los 9 o 10 años en los centros educativos para luego trabajar las emociones. 

¿Se descuida esta parte de la educación en los colegios?
Aunque ahora se da mucha importancia a la educación emocional y a la inteligencia emociona, para educar en eso hay que ser muy sistemáticos. Realmente todavía en los centros educativos se olvida mucho esa parte. Se educa en actividades artísticas, se envía al niño al psiquiatra o al psicólogo, pero desde pequeños haya que enseñar a controlar las emociones y a saber generar emociones positivas,  a saber ver la vida desde otra perspectiva, y a no quedarse enganchado a emociones negativas.

¿Es más fácil quedarse en lo negativo?
Hay que aprender a salir de esas situaciones. Efectivamente hay que estar triste cuando toca, no hay que negar la tristeza o el miedo. Hay que saber que todo el mundo tiene miedo  y que las emociones son positivas, la tristeza te ayuda a interiorizar, el miedo a protegerte, pero si el miedo es excesivo y eso le pasa a muchos niños y adultos, te impide vivir normalmente. Y si te quedas enganchado a la tristeza serás una persona depresiva toda tu vida, si eres un histérico vas a ser un fracasado y vas a tener problemas toda tu vida. Las emociones hay que expresarlas, no negarlas, pero hay que aprender a salir de ellas. Les pasa a muchos adolescentes y a mucha gente, entran en un círculo vicioso y no saben salir.

¿Todo es cuestión de aprender?
Hay una parte de la felicidad que es innata, otra parte que puede depende de las circunstancias pero una gran parte depende de los pensamientos, de las actitudes, y eso se aprende, se puede educar para eso.

¿Qué emoción es más difícil de gestionar?
La ira, el enfado, sobre todo en la adolescencia. Primero hay que saber que lo provoca, no asustarse y   mantener la calma, es como un  entrenamiento. No hay por qué guardar la ira, la persona cree que algo es injusto y hay que denunciarlo, pero hay que aprender y entrenarse para manifestarla de una forma que no seas agresivo con los demás y contigo mismo. También es importante trabajar la autoestima y la autoimagen desde niños.

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