La devoción al Cristo suma cofrades
Cristo da Victoria
A Alberto Suárez Montenegro, con su amigo Antonio; a Sira March y a Nely Comesaña se les impondrá la medalla en la Concatedral
Alrededor del Cristo da Victoria que generan historias de vida y de fe. Alberto Suárez Montenegro, Nely Comesaña y Sira March protagonizan tres experiencias que les llevaron a recibir hoy la medalla de la Cofradía. Será, a las 20 horas en la Basílica-Concatedral en un acto sobrio presidido por la Hermana Mayor, Marora Martín-Caloto.
La gran mayoría llega por tradición familiar, como es el caso de Alberto Suárez Montenegro. “La tradición que había en mi casa, donde siempre hubo mucha devoción al Cristo de la Victoria y al de Bouzas, es uno de los motivos que me mueve a dar el paso, otro es más personal; me hace más ilusión ingresar ahora, pasados los 40”. Asistió a la procesión desde pequeño y la sigue teniendo muy presente al pasar por delante de su casa. “Es un momento único, porque todo Vigo sale a la calle, con independencia de su fe, es un tema más profundo, de espiritualidad”. Al gran día irá acompañado por su mujer y por un amigo de la infancia, Antonio, quien también recibirá la medalla.
Nely Comesaña también es una asidua a la procesión desde que era niña y decidió convertirse ahora en cofrade y formalizar su vínculo por motivos más prácticos. “Siempre me llamó la atención, pero pensé que era más costoso”. En el campo espiritual, afirma que en la Concatedral encuentra la paz. “Es un lugar muy especial, allí siento una gran conexión con el Cristo”. Natural de Coruxo, continúa con una tradición en la que creció y que le transmitieron sus padres, que la acompañarán hoy en un día tan especial.
Sira March necesitaba dar ese paso más y unirse a la Cofradía. “El Cristo, para mí, significa esperanza en los momentos complicados, poner a sus pies mis preocupaciones, mis dificultades y confiar en su acompañamiento”. March acude a la procesión a agradecer y a veces a pedir su intercesión. Reconoce que llegó a ella de una manera inesperada. “Hace quince años, en un momento complicado, me animaron a encomendarle mis preocupaciones, la verdad es que no tenía nada que perder; fui a la misa homenaje y me emociona la bajda del altar, sentí mucha emoción, me inundó una esperanza y alivio alma difícil de describir”. Desde entonces acude cada año y no solo el primer domingo de agosto. Le habría gustado acudir con su padre, pero falleció. “Al Cristo siempre le pediré que siga guiando mis pasos, que tenga en cuenta lo que le encomiendo y, sobre todo, le agradezco que nunca me ha puesto en un lugar en que su mano no me pueda sostener”.
El plazo para solicitar el ingreso en la Cofradía está abierto hasta momentos antes del inicio de la novena de hoy. Tras los oficios, tendrá lugar la imposición de medallas y la entrega del título de cofrade honorífico al obispo emérito, Luis Quintero.
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