Atlántico

VIGO

Los arqueólogos alertan de la huella del fuego en los petroglifos

Las consecuencias de los incendios en el arte rupestre se detectarán en dos o tres años 

Pedra Moura presenta una grieta en su superficie que no afecta a los grabados, que muestran en su contorno un color negruzco, que preocupa a los arqueólogos, ya que podría cambiar la coloración de la piedra.
Pedra Moura presenta una grieta en su superficie que no afecta a los grabados, que muestran en su contorno un color negruzco, que preocupa a los arqueólogos, ya que podría cambiar la coloración de la piedra.
Los arqueólogos alertan de la huella del fuego en los petroglifos

nnn Los principales damnificados en los incendios forestales, en cuanto a patrimonio arqueológico se refiere, son los petroglifos. Coruxo, la zona cero de los fuegos que asolaron Vigo el pasado octubre, custodia en sus montes la mayor concentración de grabados rupestres de todo el término municipal, con 21 de los 30 catalogados. Su pieza principal, Pedra Moura, resultó el más afectado, si bien no resultaron dañadas directamente la incisiones. Tras una primera valoración, desde la Comunidad de Montes de Coruxo detectaron una grieta en la piedra causada por las altas temperaturas, aunque señalan que no está situada en la parte de los grabados. Sin embargo, la arqueóloga Elisa Pereira, miembro del Instituto de Estudios Vigueses, avisa que las consecuencias reales de los incendios no se podrán evaluar hasta dentro de unos años. “Hay que vigilar las zonas chamuscadas, porque el negruzco modifica la coloración de la roca, con lo acaba afectando a la superficie; en el caso de Pedra Moura presenta ese color en uno de los laterales, junto a las incisiones”.
Para Pereira, es fundamental en estos casos realizar un estudio de las piedras alteradas: “Hay que evaluar su nivel de daño y las que no se puedan conservar, se deben documentar a través de fotografías y con un molde”. La arqueóloga advierte que a consecuencia de los fuegos de 2006 “hay algunos petroglifos que ya desaparecieron”.
Sus condiciones naturales, al raso, contribuyen a su situación de vulnerabilidad, ya que según los estudios de los conservadores, todos los cambios bruscos les afectan, al igual que las temperaturas extremas. Contribuyen a erosionar la superficie que luego es arrastrada por la lluvia.
Otra de las acciones a tomar tras un incendio es la protección de las áreas arqueológicas durante la intervención en el monte. Así, Elisa Pereira fue contratada por la Comunidad de Montes para balizar cinco elementos de arte rupestre, cercanos a los árboles quemados que próximamente serán talados.
Desde laa empresa de arqueología Anta de Moura coinciden con la valoración de Pereira. Con sede en Coruxo, su titular, Juan Carlos Castro, realizó una ruta por los montes de Gondomar una semana después de los incendios para comprobar los daños en el patrimonio. “Las altas temperaturas perjudican en general a todos los yacimientos, pero los petroglifos son los que más sufren porque la maleza que los rodea arde encima de ellos; el contacto con el fuego puede hacer que la roca pierda una capas de superficie de hasta un milímetro, si tenemos en cuenta que los grabados son surcos de entre 2 y 3 milímetros, hay muchos que pueden desaparecer”. Castro comprobó que la joya de Gondomar, Auga da Laxe, no resultó afectado: “Habían cortado la vegetación de alrededor para facilitar el acceso y eso lo protegió; es necesario mantener limpia el entorno como medida de prevención”. 
La Consellería de Patrimonio tiene catalogados varios petroglifos en Fragoselo, que continúan ocultos o enterrados. El protocolo de actuación aconseja no sacarlos a la luz, dejarlos protegidos hasta que se pueda asegurar su conservación. Desde la Comunidad de Montes realizaron partidas de reconocimiento por los terrenos quemados en la búsqueda de algún grabado rupestre que pudiese haber quedado al descubierto tras la quema de la cobertura vegetal. Por el momento, aún no tuvieron resultados positivos, según su presidente, Antonio Ocampo.n