Galicia

“Mesas sobran, hace falta gente"

Galicia

xabier r. Blanco

“Mesas sobran, hace falta gente"

En el viaje de 843 kilómetros entre dos fases, dos comunidades autónomas y seis provincias no hay ni un solo control ni tráfico que vigilar; "mesas sobran, hace falta gente", dice una hostelera  de la Costa da Morte. 
Los paneles luminosos avisan nada más salir de León de la prohibición de cambiar de provincia y de los controles para que se cumpla lo decretado por el estado de alarma. Un coche de la Guardia Civil de Tráfico circula a ritmo lento por la otra dirección como el que va a entregar una mala noticia. Son las ocho y media de la tarde del jueves. Castilla y León continúa en la fase 1 por decisión propia. Verónica Casado, consejera de Sanidad y mejor médico de familia en 2018, prefiere manejar la "desescalada" sin prisas y la población también muestra en el día y día una resignación inusual. "Mejor ir poco a poco que volver atrás", comenta el dueño de un local de tapas en la ciudad con más bares por habitante, según la promoción institucional de León, que sigue candado porque sólo podría abrir con dos mesas en la terraza. 
Un nuevo aviso en un panel luminoso despierta las reservas ante un horizonte que pasará por seis provincias con cambio de fase y de comunidad autónoma. Las explicaciones en los controles resultan un engorro aunque vayas con salvoconducto.  En la AP-71 hasta Astorga sólo aparecen cinco coches en la misma dirección. Por la carretera nacional, que discurre en paralelo, sí se aprecia algo más de tráfico para evitar los 5,15 euros del peaje. Los kilómetros van pasando en soledad. Hasta Ponferrada aparecen otros tres utilitarios, sin contar camiones y vehículos de reparto. Los camioneros han alineado la flota para pasar la noche en la gasolinera. La cafetería está cerrada y no hay nadie repostando ni lo hará en diez minutos. En ese momento que hay que parar sí o sí es cuando queda comprobado que las restricciones horarias para el paseo ordenadas por el mando único eran innecesarias con los bares cerrados o abiertas las terrazas pero con el baño clausurado. El límite lo marca la vejiga de cada cual y en casco urbano resulta una proeza escaquearse de la necesidad fisiológica más de tres horas si alguien no quiere que lo tomen por un can sin correa. 
El encargado de vigilar las cámaras de la DGT tiene que aburrirse tanto como un confinado sin libros, televisión, radio y conexión a Internet. Que no haya controles no quiere decir que no estemos controlados. El mundo parece detenido tanto en la subida a Pedrafita como en la frontera con Galicia, sin nadie que responda con una ráfaga de mala leche al que circula con las largas. Tres coches más hasta Lugo aumenta la sensación de que esta tierra rica en recursos naturales se ha quedado sin gente como pasa en territorio vecino. Galicia ya está en la fase 2 y con posibilidades de ser de las primeras que estrene la 3, pero desde Lugo hasta Guitiriz, entrada en la provincia de A Coruña, la circulación no aumenta hasta que se ven las luces de la ciudad. La cuenta es pequeña 318 kilómetros después de la salida: sólo 21 coches han hecho cambiar de carril o han cambiado para proceder al adelantamiento, ningún control en el camino ni tráfico que vigilar. Aún no son las doce de la noche y la ciudad que canta "vivir na Coruña que bonito é, andar de parranda e dormir de pé" parece estar ya en el sobre. 
A la mañana siguiente el encuentro en la fase 2 es fascinante, pero sin el rebumbio que indican las cuatro imágenes machaconas de desfase a las que se agarran los agoreros para aventurar la hecatombe ante un rebrote de contagios por la pandemia de coronavirus. "Los móviles han hecho mucho daño, no te puedes ni imaginar la de denuncias que nos hace la gente", comenta un colega policía al sugerirle que no es necesario cargar la mano con las recetas sancionadoras. "Y si no vamos, nos amenazan con denunciarnos a nosotros", añade para constatar que se está alimentando una sociedad de delatores. 
El primer café en el interior de un garito resulta extraño para alguien que acaba de llegar de una situación más restrictiva. El camarero se sorprende ante la petición de permiso tanto para entrar como después para ir al servicio. La niebla que ha ocupado su sitio en la playa de Riazor no ahuyenta a los bañistas, aunque hay sitio de sobra para muchos más. Camino de Vimianzo para ver a doña Generosa el confinamiento parece una situación superada por el tráfico. En el corazón de la Costa da Morte la vida vuelve a palpitar en las terrazas. "Mesas sobran, hace falta gente", responde una hostelera al comentarle que le queda poco para servir en la barra. Lo mismo pensarán en otros establecimientos de la España vaciada.  
El polígono de San Cibrao en Ourense late de nuevo. Incluso sorprende ver a gente haciendo deporte en la entrada de las canchas de pádel. En A Gudiña sólo hay tres mesas ocupadas de la media docena de terrazas dispuestas para pasar la fresca. Después, regresa el asfalto en soledad. El viaje de 843 kilómetros entre dos fases, dos comunidades y seis provincias (León, Lugo, A Coruña, Pontevedra, Ourense y Zamora) se salda sin los controles que se anuncian y con una circulación anecdótica mientras no se levante el estado de alarma. La mesa queda  puesta.

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