Grupos de apoyo mutuo, receta para la prevención del suicidio

Los expertos recomiendan “la alfabetización” de la población en salud mental.
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Papageno ya ofrece sus recursos terapéuticos en Galicia, que sufre una elevada tasa de casos

Galicia figura, junto con Asturias, entre las comunidades autónomas con una de las tasas de suicidio más altas, según explicó el psicólogo sanitario y presidente de la Asociación Papageno, Daniel Jesús López Vega, durante la presentación en Vigo la semana pasada de esta entidad, e incidiendo en el “problema social” que supone y la importancia de abordar la situación con recursos y equipos multidisciplinares.

Y es que en Galicia, según datos del Instituto Nacional de Estadística, 328 personas murieron por suicidio en 2022. “Galicia (12,2%) es, junto con Asturias (12,5%), la comunidad autónoma española con una de las tasas de suicidio más altas”, remarca el presidente de Papageno. Por provincias, en A Coruña fueron 143; Pontevedra, 99; Ourense, 36 y Lugo, 50.

Desde la Asociación de Profesionales en Prevención y Posvención del Suicidio, que surgió en 2019 por iniciativa de tres psicólogos y que cuenta con más de cien profesionales de distintas disciplinas, su máximo responsable explica que Galicia “es una de las comunidades más castigadas por este problema social y de salud pública en España con tasas mayores a la media”.

Sobre las cifras, indica que “por una parte, a partir de la epidemia por covid existe una mayor visibilidad de la salud mental y al suicidio y, por otra, también han subido el registro de muertes por suicidio y las autolesiones no suicidas”.

Grupos de incidencia

Cuestionado sobre si hay más incidencia entre jóvenes, apunta que la adolescencia “es un período de mayor sensibilidad social ante la presencia de estas conductas, pero las mayores tasas son de las personas de edad más elevada”. “La situación de Galicia está muy mediatizada por la dispersión geográfica y la dificultad de accesibilidad a recursos, esto dificulta la atención de estas personas no solo desde la perspectiva de la salud, sino de muchos otros servicios básicos y lo que es más importante de uno de los factores protectores de mayor calado: el apoyo social”, expone Daniel Jesús López.

En cuanto a cómo abordarlo, afirma que “al margen de las medidas de salud pública como la creación de un Plan Nacional de Prevención del Suicidio con recursos suficientes, y no puramente como medida estética, para un abordaje adecuado del suicidio nos parecen esenciales las actividades preventivas”. “En este marco destacamos la importancia de la alfabetización en salud mental y suicidio de las familias y de los entornos educativos y laborales”, apostilla.

“El modelo donde las soluciones suelen ser asistenciales y farmacológicas se ha mostrado insuficiente y, en algunos casos, hasta contraproducente”, incide para recordar también que “España es el mayor dispensador de benzodiacepinas por 100.000 habitantes del mundo, a la vez tiene una baja ratio de psicólogos y otros profesionales de salud mental trabajando en el sistema”, lamenta.

Por otra parte, insiste en que el suicidio “es un problema social que requiere de intervenciones desde diferentes escenarios y ámbitos liderados por equipos multidisciplinares”. En este sentido, precisa que los medios de comunicación son “un vehículo clave para la prevención si la información sobre el suicidio se realiza de forma responsable”.

Ayuda a los allegados

Sobre los allegados, recalca también que “no existen grupos de ayuda mutua de duelo por suicidio a pesar de que es una herramienta recomendada por la OMS”. “De ahí nuestra decisión de promover este tipo de intervenciones de acompañamiento”, expone sobre Galicia y la presentación de su actividad. Y es que la asociación busca facilitar estrategias de acompañamiento de personas en duelo por suicidio, con la intención de “crear espacios para compartir las emociones asociadas y donde se puedan aprender competencias adaptativas”. “El duelo por suicidio ha sido históricamente uno de los grandes olvidados en la atención de esta problemática, es un proceso natural, no una enfermedad, pero el estigma y los sentimientos de culpa y vergüenza han provocado que muchas personas hayan tenido que vivir este duelo en silencio y, en muchos casos, ha contribuido a su cronificación”.

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