Ricardo Canosa: “A Felipe II o a Tutankamón la tasa de crecimiento no les importaba gran cosa”
"La izquierda casi se ha convertido en una religión. Se siguen dando conceptos de hace 70 años", señala el economista y escritor
Ricardo Canosa (Vigo, 1968) es licenciado en Economía, técnico de finanzas en la Agencia Tributaria de Galicia y fue concejal de Esquerda Unida en 2015 en O Porriño. Posteriores divergencias con la dirección, encabezada entonces por Yolanda Díaz, le llevaron a dimitir. Muchas de esas diferencias dieron origen al libro “Los límites del crecimiento económico y la crisis de ideas de la izquierda”. Muchas editoriales declinaron publicarlo.
¿Cómo surge la idea de este libro?
Mis primeros dos libros se habían centrado más en analizar el capitalismo y la crisis de 2008. En este decidí que había que darle la vuelta y ver qué está haciendo mal la izquierda para que cada vez avancen más las ideas neoliberales y populistas.
¿Qué está haciendo mal la izquierda?
Casi se ha convertido en una religión. Se siguen dando conceptos de hace casi 70 años. Por ejemplo, dicen que los ricos deben pagar más impuestos. Estoy de acuerdo, pero ¿cómo hacemos eso cuando pertenecemos a la Unión Europea donde hay libre circulación de mercancías, capitales y trabajadores, pero no hay una armonización fiscal? ¿Cómo hacemos eso cuando el dinero se mueve a la velocidad de la luz, con un doble clic en el ratón? Escriben cartas a los Reyes Magos.
¿Por dónde debería ir el giro?
La izquierda se ha atomizado mucho. Ha dejado de tener respuestas globales para defender intereses casi particulares. Un claro ejemplo es el nacionalismo.
¿Qué es necesario para que el crecimiento económico sea sostenible?
Es que el crecimiento económico sostenible es un oxímoron, es una contradicción en sí misma. Somos 8.000 millones de personas en el planeta, que tiene un tamaño y unos recursos. Decir a la gente que tiene que seguir creciendo y consumiendo, supone que los chinos o los paquistaníes tienen menos derechos que nosotros. La izquierda no mantiene un discurso global y uniforme, sino una política en Estados Unidos, otra en Francia, otra en Alemania y otra en España. El crecimiento económico lo tenemos que limitar si queremos sobrevivir como especie.
¿Defiende la tesis de que hay que decrecer?
Sí. Creo que hay que ir a que los bienes vuelvan a durar 20 o 30 años. Vivimos en una sociedad que incentiva cambiar de móvil cada seis meses, de ordenador cada año y de coche cada cuatro. Eso es insostenible.
¿Cómo se puede vivir en un mundo que decrece?
Conformándonos, con trabajos más cercanos, políticas verdes y asumir que nuestro consumo no tiene que ser tan elevado.
Pero es una utopía que empresas y personas no consuman.
En gran parte de la historia de la humanidad el mundo ha sido estacionario, sin crecimiento económico. Esto es algo que aparece con la revolución industrial. A Felipe II o a Tutankamón la tasa de crecimiento no les importaba gran cosa.
¿Y la solución?
Una sociedad basada en unidades económicas y productivas más pequeñas. El problema de la vivienda es muy claro. Deberíamos desincentivar vivir en Madrid, Barcelona o Nueva York. El teletrabajo permite muchas cosas.
¿Qué puede pasar si seguimos con este crecimiento?
Dos cosas. Ir hacia una sociedad tipo 1984, donde se limite el consumo por niveles y pertenencia a ciertos estamentos. La segunda, desaparecer como espacie.
Qué apocalíptico.
No. Es que hay petróleo para 40 años, oro para 25. Ya no hablo del agua.
¿Cómo ve el futuro?
Mal, inestable, como Donald Trump. Es un señor que va a dirigir el país más importante del planeta y tengo dudas de su equilibrio mental.
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