Natalia Rodríguez: "Falta conciencia en la sociedad con los animales"

"Me han llamado a las 3 de la mañana para ir a recoger un perro en la otra punta de Galicia", confiesa la fundadora del refugio de animales La Isla de Tali

Publicado: 16 ago 2024 - 07:00 Actualizado: 16 ago 2024 - 09:01
Natalia Rodríguez, en Atlántico para charlar sobre su refugio animal.
Natalia Rodríguez, en Atlántico para charlar sobre su refugio animal.

Natalia Rodríguez es amante de los animales desde que tiene uso de razón. Una herencia familiar, al igual que la isla donde creó el refugio animal La Isla de Tali, en Nigrán. Actualmente, no solo da cobijo a perros y gatos, la mayoría, sino que abre sus puertas a todo tipo de animales de toda especie. Un arduo trabajo que solo se entiende con mucha dedicación y esfuerzo.

¿Cómo comienza el proyecto?

Empezó cuando yo era adolescente. Tuve una adolescencia complicada y por causas diferentes de la vida me llevó a rescatar un caballo cuando yo tenía 16 años con el fin de venderlo y tener dinero para mí. Luego me quedé enamorada de la yegua y cambió mi forma de ser y de pensar. Dejé de comer carne, y entré dentro del mundo del rescate animal hasta que empecé con el refugio. Fue un proceso muy lento. Cuando abrí el refugio fue después de pedir muchos consejos, trabajo y la ayuda de mi familia, que le costó entenderlo.

Puede darse por sentado que es amante de los animales.

Viene inculcado por mi familia. Tenemos la misma forma de pensar, pero ya cuando yo era una niña mi madre rescataba perros y los metía en casa. Y de ahí sale la finca principal de la Isla de Tali, que es de mis abuelos. Primero era destinado a ovejas para el consumo y luego con perros de caza porque él cazaba. Indirectamente, seguí el rol de mi familia con los animales pero modificando un poco el fin.

¿Con cuántos animales cuentan actualmente?

Ahora mismo estamos por el centenar aproximadamente. Tenemos especies agrícolas, exóticas, silvestres y domésticas, aunque varía dependiendo de la rotación que tenemos. Para nosotros tener cien animales es mucho trabajo y dinero. Como llevamos poco tiempo, al final los recursos que tenemos son muy limitados. Todo esto comenzó con mi sueldo personal, que ahora ya no llega para nada debido al alto volumen que tenemos. La mayoría de protectoras que conocemos o bien son públicas y ya tienen unos trabajadores, o si son privadas y llevan mucho tiempo tienen un equipo de voluntariado muy grande. Nosotros somos mis padres y yo. Ellos además tienen su empresa y no pueden dedicar todo el día, y yo estudio y trabajo. Luego tenemos un equipo muy pequeñito de voluntarios que vienen una vez a la semana y son cinco personas.

Imagino que la mayoría serán perros y gatos.

Son la mayoría y lo que más solicita la gente para adoptar. Pero al final intentamos dar la oportunidad a todo tipo de animales, porque hay especies mucho más maltratadas y que nadie ayuda. Protectoras de perros y gatos hay muchas, e incluso socialmente se protegen a esos animales, pero agrícolas o roedores los abandonan igual más que los perros y eso no se conoce. Intentamos darle una oportunidad a todos por igual, nuestro lema es ‘el amor no entiende de especies’.

Protectoras como Os Biosbardos ya han pedido colaboración o echarán el cierre. ¿Hace falta más colaboración por parte de la sociedad?

Falta concienciación en la sociedad y más ayudas de las administraciones. Ahora con la ley de bienestar animal están obligados a ayudar cada uno a los que estén en su ayuntamiento, y eso no siempre se cumple. Hay muchas ideas preconcebidas en las protectoras, se piensa que estamos obligados a recoger cualquier perro o gato abandonado, que vayamos a recogerlo al momento. Me han llamado a las 3 de la mañana para ir a buscar a un perro en la otra punta de Galicia. Si realmente atendiésemos a esas llamadas y peticiones, tendríamos cientos de animales. Sería inviable.

El nombre la Isla de Tali tiene la particularidad de que el refugio se encuentra precisamente en una isla, en Nigrán.

Llama la atención porque es un refugio diferente. La idea está muy bien, porque es muy vistoso abrir la puerta y escuchar en la naturaleza el ruido de los perros y caballos por el agua, pero luego en invierno cuando hay que cruzar comida o material es súper duro. Estamos todo el día cargando mucho peso y tenemos que cruzar a la isla en barco o andando, dependiendo de cómo esté la marea. No tenemos un vehículo a nuestra disposición, ni se puede. Es novedoso, porque tenemos muchas especies y por estar ubicados en una isla.

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