Mario Alonso Puig: “El aparato digestivo es tan importante como el cerebro, hay que cuidarlo”

Mario Alonso Puig, en el set de Atlántico TV.
photo_camera Mario Alonso Puig, en el set de Atlántico TV.
 “En Medicina estudiamos el funcionamiento de los órganos, pero no tenemos una visión integral de cómo se conectan”, explica el cirujano

Mario Alonso Puig visitó el set de Atlántico TV para presentar su nueva publicación, “El camino del despertar”, un libro de autosuperación subtitulado “Toda transformación comienza en uno mismo”. Médico cirujano, especialista en el aparato digestivo, cuenta reconocimientos internacionales como el de la Universidad de Harvard, el IMD de Lausana, el Instituto Tavistock de Londres y el Milton Erickson de Arizona. En 2012 recibió el premio al mejor comunicador en salud por Asedef y desde entonces siguió sumando galardones hasta este año que recibió el Premio Cambio de Consciencia por “Cambio 16”.

 

 

¿Cómo un cirujano se preocupa tanto por asuntos del alma?

En mi trayectoria como médico le he dado mucha importancia a la parte humanista, un profesional tiene que saber de enfermedades y también conectar con los enfermos. Somos seres humanos completos, limitar una persona a su dimensión material es empobrecerla. Siempre hay una versión mental, los pacientes pasan por momentos de dificultad, que pueden llevarlos de una manera o de otra, y una dimensión espiritual. Existe esa sensación de estar conectados, de que hay un propósito. Toda mi vida he querido aunar las tres partes: una más científica y otra enraizada en la parte más mental, más anímica.

¿Se vive de espaldas a las reacciones del cuerpo? ¿Las tienen en cuenta los médicos?

En la carrera de Medicina estudiamos el funcionamiento de los órganos, pero aún no tenemos esa visión más integral de cómo todo se conecta entre sí. Mi estado de ánimo afecta a mi cuerpo, mi cuerpo establece mi forma de pensar y esta afecta a mi estado de ánimo. La visión clásica está limitada y puede mejorar si se amplía. El cuerpo tiene su propia sabiduría. Nosotros hablamos de intuición, los americanos dicen sentirlo en las tripas. El cuerpo nos orienta, nos intenta transmitir qué pasa pero con un lenguaje difícil de comprender. Este libro es el más profundo de los doce que he escrito porque en esta etapa de mi vida, quiero que los lectores tengan acceso a cosas que puedan mejorar sus vidas.

¿Es esta publicación una reivindicación del sistema digestivo?

Sí, tiene mucho sentido. Reivindico la importancia del tubo disgestivo, mucho mayor de la que le damos. En este libro hablo, no solo de enfermedades típicas del sistema digestivo, sino de las del conjunto del organismo que pueden tener su origen en un mal funcionamiento del tubo digestivo. Van desde alergias o intolerancias alimenticias hasta el párkinson, la esclerosis múltiple o la diabetis. Son dolencias que pueden originarse por un descuido en el tubo digestivo.

¿Hasta elevarlo al nivel de un segundo cerebro?

Lo elevo al nivel del cerebro intracraneal porque ahí lo situaron las investigaciones de Michael Gershon (jefe de gastroenterología de la Universidad de Columbia). No podemos considerar que el cerebro intracraneal por ser el órgano pensante es más importante que el hígado o que el tubo digestivo. El tema no es cuál es más importante, sino cómo se relacionan entre sí.

En su libro defiende la aceptación ante la adversidad sin rebelarse. ¿El desahogo no es saludable?

El concepto de la aceptación es complejo. Pasé años buscando su dimensión. Si se entiende bien, aceptar es asumir que lo que hay, sin pretender borrar una realidad que no se puede negar. Una vez que se acepta, se deja de gastar energía en intentar cambiar algo que es como es y se dedica a estar donde tiene que estar. Hay personas que al ser diagnosticadas de una enfermedad, no lo asumen y lo rechazan. En consecuencia su cuerpo libera cortisona en sangre y activa el sistema nervioso simpático que va a empeorar la enfermedad. La aceptación no implica resignación.

Anima dejar la zona de confort. ¿No está sobrevalorado el arriesgarse sin más?

Al hablar de la zona de confort hay que precisar de lo que hablamos. Puede ser muy engañoso. Si estoy bien, por qué voy a cambiar. Si nos referimos a un estado familiar, en el que la persona sufre y donde se siente atrapada, pero que no cambia porque se acostumbró a estar deprimida, ahí hay que atreverse a salir de la caverna. Hay que dejar esa zona confort limitante que nos evita crecer.

De lo que se trata entonces es de identificar ese impedimento.

Uno tiene que notar lo que está restringiendo su libertad, su ilusión, su esperanza, su sensación de capacidad de hacer frente a los retos. Y de esa sensación de limitación saldrá el deseo de exploración. Hay que empezar a buscar si la vida puede ser de otra manera.

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