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El marisqueo y la tradición ganan pulso en Cesantes como atractivo turístico

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El marisqueo y la tradición ganan pulso en Cesantes como atractivo turístico

La iniciativa de turismo mariñeiro en Cesantes tiene por objetivo principal la puesta en valor de esta tradicional profesión, fomentar el respecto por el medio marino y mostrar el trabajo que hay detrás de todos esos mariscos que llegan a la mesa.
photo_cameraLa iniciativa de turismo mariñeiro en Cesantes tiene por objetivo principal la puesta en valor de esta tradicional profesión, fomentar el respecto por el medio marino y mostrar el trabajo que hay detrás de todos esos mariscos que llegan a la mesa.
Las mariscadoras a pie de la Cofradía de San Xoán de Redondela son a su vez guías oficiales de turismo mariñeiro
nnn  El marisqueo a pie se reivindica como atractivo turístico en Cesantes. El proyecto Mar das Illas, promovido por los Grupos de Acción Local do Sector Pequeiro, organizó ayer la primera de las tres jornadas sobre turismo mariñeiro en las Rías Baixas, con las mariscadoras de la parroquia redondelana como anfitrionas. Guiados por Nuria Novelle, una de estas profesionales en Cesantes, una decena de personas conocieron de primera mano la tradición de este trabajo tan arraigado a la forma de vivir en la Ría de Vigo. 
“Los mejores tesoros son los que tiene y dan vida”, reconocía Nuria ante el público, en un claro guiño a la histórica Batalla de Rande. Las mariscadoras de Cesantes son además guías de turismo mariñeiro y por ello muestran a los visitantes el valor cultural de su actividad, el trabajo diario que realizan para el cultivo y recogida de mariscos y un máximo respeto por el medio marino que les permite ganarse el jornal.
Nuria y sus compañeras de la agrupación de mariscadoras de Cesantes –con 115 profesionales y fundada en 2008– mostraron a los presentes las zonas de cultivo de almeja babosa, japónica y fina. “Cultivamos la almeja cuando es del tamaño de una lenteja y tardan años en llegar a la talla legal de 40 milímetros: dos o dos años y medio la japónica, entre tres y cuatro la fina, mientras que la babosa lo hace en uno o dos años”. Además de los trucos para recoger los ejemplares de almeja, estas profesionales enseñaron cómo distinguir estas variedades –por el color de la lágrima en la unión de las conchas–, la identificación de variedades que no son aptas para el consumo por su elevada filtración de metales pesados o el secreto para que el longueoirón vello salga de su escondite gracias pizca de sal en el orificio que hace en la arena al respirar, algo que llamó la atención de los presentes. 
Realizando una rotación en los bancos de Redondela, las mariscadoras de Cesantes pueden trabajar todo el año en una villa de gran tradición marinera en la que jubilados como Manuel a sus 87 años siguen reparando aparejos de pesca.n

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