El título de España duró 35 minutos

Baloncesto

La selección española entrenada por Miguel Méndez perdió el Europeo ante Bélgica con un final de partido horrible

La excéltica Raquel Carrera, en el suelo, tras perder  la final del Europeo de baloncesto que disputó la selección española ante Bélgica.
La excéltica Raquel Carrera, en el suelo, tras perder la final del Europeo de baloncesto que disputó la selección española ante Bélgica.

Las defensas ganan títulos, el colectivo, los intangibles, la dirección. El ‘plan de partido' del entrenador. Todos esos fueron conceptos importantes y claves en la final del Eurobásquet de ayer. Y todo se puede ejecutar con una dirección soberbia y con un escuadrón de jugadoras voluntarias dispuestas a hacerlo. Así lo realizó la selección española de Miguel Méndez ayer en la final del certamen continental y, gracias a ello, acarició el título de Europa durante 35 minutos. En todo caso, es una plata que sabe a redención y purificación. A regresar al camino del éxito abandonado en los últimos años cuando los egos personales y las luchas internas se olvidaron de lo importante, del colectivo, de maximizar las virtudes y, también, de minimizar al rival.

El plan de Méndez para ganar

Quizás consciente Miguel Méndez de que en calidad era Bélgica un poco mejor, aplicó un plan de destrucción masiva perfecto y que, en contra de lo que se pudiera pensar, tenía soluciones para ambos lados de la pista. Una cosa es defender fuerte, de forma solidaria y completa, y otra saber lo que hacer con el balón en ataque. Y el segundo aspecto, en contra de lo que se pudiera pensar, completaba el primero.

Si la contención era perfecta, en busca de robos y pérdidas del rival, la parcela ofensiva estaba destinada a castigar atrás a jugadoras que tenían que estar muchos minutos en pista y tenían que trabajar más de lo que les gustaría para defender su canasta. Y esto pasa por un buen ritmo en la circulación del balón, pero también por ataques largos y penetraciones continuas para obligar a las pívots Emma Meesseman y Kyara Linskens a emplearse bajo los aros. Todo unido a una buena conservación de la pelota. El ataque como recurso anotador y defensivo.

Así transcurrió la primera mitad, que se jugó a lo que quería España y, sobre todo, dejó en 25 puntos a un equipo belga que pasó minutos y minutos de atasco. No encontraba el lanzamiento exterior y, por dentro, la excéltica Raquel Carrera se multiplicaba sobre Meesseman. Al intermedio el balance era favorable con un 32-25, pero también con la sensación de que sería muy complicado que el rival se volviera a quedar en guarismos tan bajos en el segundo acto.

Curiosamente, el guion del partido apenas cambió tras pasar por los vestuarios. No obstante, sí que variaron detalles y el principal fue un buen movimiento belga de dejar sentada a la exterior Bethy Mununga y cargar el juego sobre su pareja de pívots haciendo el bloqueo y la continuación de forma constante con la mencionada Meesseman y la gigante Kyara Linskens. Cuestión de imponer el físico.

Aún así, España aguantó porque se mantuvo en el plan de partido diseñado y, durante muchos minutos, hizo daño en ataque con la elaboración. Ataques largos, buenas penetraciones, tiros de media distancia de una acertada Paula Ginzo y la diferencia llegó a irse a ocho puntos en varias ocasiones. Incluso, en el minuto 29, alcanzó los diez. Precisamente ahí se vivió el momento del punto de inflexión.

Bélgica asciende hasta la victoria

España, en el último minuto del tercer periodo, igual fruto de la emoción, del éxtasis, de aprovechar el momento, olvidó el plan, el diseño. Quiso atacar rápido en tres ataques continuos gracias al rebote y regaló transiciones a Bélgica, algo que apenas había concedido hasta ese momento. Así, el 48-43 del final del parcial dejaba un sinsabor. Había poco premio.

Y en estas ocasiones puede pasar que el gigante despierta. Aunque, en este caso, ya lo había hecho, solo que la selección española aguantó el tirón. No lo hizo en el cuarto definitivo. Linskens y Meesseman recordaron que en este baloncesto moderno todavía los pívots tienen cosas que decir. Y, en este caso, casi se convirtió en un dos contra uno físico contra la excéltica Raquel Carrera, que estuvo 37 minutos en pista. Brilló hasta que el físico aguantó a sus 21 años. El resto de selección española -sin físico para el cuerpo a cuerpo interior- estaba sin fondo, sin fuerza y sin aire. Pese a la rotación planteada por Méndez, no quedaba nada en el último cuarto del Europeo.

Se añoró la aparición de Torrens, que no fue la estrella de la semifinal y los cinco últimos minutos con dos canastas españolas explican el resultado. El primer título de Méndez como seleccionador estuvo cerca.

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