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Tal vez tenga que ser así. Si catas la gloria olímpica a las primeras de cambio, los dioses del deporte se te vuelven en contra y, pese a tu insistencia, te impiden volver a besarla. Támara Echgoyen, excelsa regatista, puso fin ayer, conta toda probabilidad, a su historia en los Juegos Olímpicos quedándose fuera, por primera vez en sus cuatro participaciones, de la medal race. En este caso, como en Tokio, llevando el timón del 49erFX que ha compartido dos ciclos olímpicos con Paula Barceló.
La ourensana de nacimiento, que vivió en Pontevedra y se formó en el Náutico de Vigo, quiso apurar ayer sus opciones de meterse entre las diez mejores embarcaciones. Pero el día empezó torcido con una décimo sexta plaza que ya hizo inútil la décimo primera de la penúltima ronda y, sobre todo, la primera de la décimo segunda y última. Una rúbrica de gran campeona, pese a no haber sido capaz de domar el campo de regatas de Marsella, tan poco soplador. Támara fue oro en Londres 2012, cuarta en Río 2016, cuarta en Tokio 2020 y décimo segunda en París 2024. No ha asegurado al cien por cien que no vaya a acudir a Los Ángeles 2028, pero su enorme capacidad como regatista le abren otros mundos que quiere explorar. Decida lo que decida, su carrera ya la consagró hace tiempo como la mejor regatista gallega de la historia. A sus 40 años, se ha ganado tomar el rumbo que prefiera.
Es obvio que su rendimiento en Marsella ha estado por debajo de lo esperado. Sin ser la gran favorita, sí se la esperaba en la pelea por los metales, casi como una tradición. El escaso viento del campo de regatas le complicó la vida desde el primer día y, aunque en las dos últimas jornadas remontó, ya no había margen para ningún error. Se quedó a dos puestos y a nueve puntos de la medal race de hoy.
Támara era la única representante de la vela gallega en París. Un deporte que, desde Pekín, ha acostumbrado a grandes resultados: oro de Antón Paz y Fernando Echavarri en China; oro de Echegoyen y Sofía Toro en Londres; y bronce del vigués Nico Rodríguez en Tokio. Hace falta un relevo generacional.
Tras quedarse fuera de la medal race por primera vez en sus cuatro participaciones olímpicas, Támara Echegoyen admitió lo complicado de la semana y quiso dar valor a ese cierre con el primer puesto en la última manga. “Tengo un mix de sensaciones. Ha sido una semana dura, en la que hemos luchamos cada metro, pero no salía, no iba bien. Esto puede pasar en el deporte y sobre todo en la vela”, apuntó de inicio. Y trató de quedarse con ese último sabor de boca no tan amargo: “Creo que fue un final perfecto, después de unas regatas tan duras, acabar del modo en que lo hicimos... No es capaz de hacerlo cualquiera. Para nosotras era muy importante que la gente viese el equipo que somos y lo que podemos hacer. Hay veces en las que el resultado no acompaña y hay que ser realistas con las situaciones y gestionar emociones”.
La ourensana quiso recordar lo mucho que se sacrifica para poder acudir a unos Juegos Olímpicos. “Para nosotras es importante porque realmente ponemos el alma en ello. En nuestra vida, el día a día es de muchísimo trabajo, muchas horas. Sólo para jugártelo en una semana, en cuatro días. Y a veces, no se valoran nuestras sensaciones cuando no conseguimos lo que realmente buscamos. Es muy difícil de comprender todo lo que hay detrás, toda la gente que empuja”, trató de resumir. Y reiteró la importancia que le da a ese último triunfo. "Terminar ganando una regata en la forma en que lo hicimos me llena de satisfacción y creo que tenemos que quedarnos con eso. Nos prometimos que íbamos a terminar los Juegos Olímpicos demostrando quienes éramos y así ha sido”, sentenció.
Además, Echegoyen desveló el respeto que ha sentido. “La flota y todos los entrenadores se han acercado a darnos la enhorabuena y eso es algo que me llena porque no siempre se consigue en el mundo del deporte tener el respeto de cada uno de los adversarios y los entrenadores", comentó. Para acabar confesando que cerrar su participación sin llegar al último día no resulta agradable, pero se acepta. "Hay frustración, hay rabia y hay pena, pero esto es el deporte y podemos vivir hasta la parte amarga disfrutando de lo que realmente vivimos en el agua”, afirmó.
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