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Ni toma de la Bastilla, ni guillotinas en la Plaza de la Concordia, ni el insalubre río Sena. Susana Rodríguez Gacio es una monarca absolutista y ni siquiera la ciudad de la Revolución Francesa fue capaz de inquietar mínimamente su reinado. Con puño de hierro, la viguesa destruyó cualquier intención de rebelión y volvió a subirse en lo más alto del podio más alto que existe. Igual que en Tokio hace tres años, se adjudicó la medalla de oro con una victoria por aplastamiento. Devastadora. Tal como hizo Napoleón Bonaparte hace 220 años en Notre Dame, la campeona viguesa se autocoronó reina del mundo a tres kilómetros de allí, en el puente Alejandro III. Delante de los Inválidos, donde se ubica la tumba del emperador.
Fue la ceremonia que rubricaba un triunfo demoledor. Un mensaje de que, a sus 36 años, Rodríguez Gacio (1h04:19) es la que manda en la categoría PTVI -para deportistas con discapacidad visual-. El presumible cambio de guardia tendrá que esperar. Francesca Tarantello (1h06:43), que llegaba como número 1 del ránking paralímpico, hubo de conformarse con la plata. Tuvo que contentarse con ser la mejor del resto.
Al nivel imperial de Susana Rodríguez Gacio solo está Susana Rodríguez Gacio. Pasarse dos días a vueltas con dos cambios de horario por la amenaza de tormentas -finalmente no cayó ni una gota durante la carrera- y la insalubridad del río afectó a la viguesa, según ella misma reconoció. Pero no lo pareció. La federación internacional dio el OK en plena madrugada y tanto ella como su guía, Sara Pérez, se ciñeron al plan: arrasar desde el principio.
Tener al lado a una nadadora olímpica da tranquilidad. Por eso, Susana dominó las aguas y las corrientes del cacareado río Sena. Allí debían marcarse diferencias. Así lo hizo la campeona defensora. Tan solo Anna Barbaro aguantó el 12:20 de Susana al salir del agua. 12:46 hizo la transalpina. Todas las demás, a más de un minuto de distancia, incluida Tarantello, que empleó 14:19 en nadar los 750 metros.
A partir de ahí, era cuestión de controlar en la bicicleta. Rodríguez y Pérez manejaron con comodidad las distancias pedaleando en solitario pese a que el manillar de la guía estaba flojo y no pudo ir acoplada. La carrera iba completamente rota, además de que es complicado ir en grupo en un tándem. Por televisión, podía haber cierto desconcierto al entremezclarse las distintas categorías, hombres, mujeres, doblados… Pero dentro del jaleo, la pareja sabía que comandaba en todo momento la prueba. Los 20 kilómetros concluyeron con un tiempo de 31:01, el cuarto mejor de todas las participantes. No hizo falta apretar más.
Por detrás, las posiciones se intercambiaban, pero Tarantello seguía bastante lejos. La alemana Anja Renner fue la más rápida en la bici (30:48). Tanto la germana como la italiana arrancaron el segmento de carrera a pie en quinto y sexto lugar, respectivamente. Barbaro se hundió en esos diez kilómetros finales. Todo muy bonito y emocionante. Pero siempre por detrás. Era una batalla por el segundo puesto que nada tenía que ver con Susana. En cuanto se calzó las zapatillas, la viguesa se lanzó a rematar la faena en su sector más poderoso. Ni siquiera necesitó hacer la mejor transición del mundo.
Sobre el adoquín parisino, Rodríguez y su guía volaban. A ambos lados, el público se agolpaba. La aclamaba. Una dictadura que agrada al pueblo. Así, zancada a zancada fue derrotando más y más a sus rivales. Tarantello, muy fuerte en la carrera, rebasó a todas para ser la mejor de las mortales. Renner conquistó un bronce muy celebrado y muy valioso. Pero por delante, muy por delante, la monarca avanzaba hacia su corona. Con tropezón incluido en el momento de doblar a la derecha antes de encarar el puente Alejandro III. Al frente, la gloria. A la espalda, los Inválidos, donde descansan los restos mortales de Napoleón Bonaparte. Al cuello, la corona moderna en forma de medalla de oro. Detrás, el aplastamiento de cualquier intento de revolución. El régimen continúa. Larga vida a la reina.
A sus 36 años, la hoja de servicios de Susana Rodríguez Gacio es inigualable. La categoría PTVI del paratriatlón lleva su nombre, con un dominio prácticamente incontestable en los últimos seis años. Aunque se proclamó campeona del mundo por primera vez en 2012 y de Europa en 2014, el inicio de su apabullante trayectoria se enmarca en 2018. Esa temporada ganó su segundo oro global. A partir de ahí vinieron los títulos de 2019, 2021 y 2022. En ese lapso, la viguesa fue campeona continental en 2019, 2022 y 2023. A esos siete metales dorados hay que añadir los más anhelados: el entorchado paralímpico de Tokio 2020 -logrado en 2021- y el de ayer en París. En total, son nueve medallas de oro en seis años.
A esta espectacular dictadura en el triatlón hay que añadir el diploma olímpico que Rodríguez Gacio conquistó en la capital japonesa en el 1.500 de atletismo. Hay que sumarlo a los dos que la acreditan como médica y fisioterepeuta.
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