Antonio Serrat, ante la oportunidad de toda una vida
Juegos Olímpicos | Triatlón
El vigués Antonio Serrat afronta este miércoles a los 29 años (10:45), si el agua lo permite tras el aplazamiento del martes, su primer triatlón olímpico
Con los ojos pendientes del agua y al segundo intento -aunque todavía no es seguro-, el vigués Antonio Serrat disfrutará de la oportunidad de que persiguió toda su vida. Eso sí, el martes ya se aplazó el primer intento por la baja calidad del aguay el miércoles (10:45) será el segundo intento si las analíticas de la madrugada permiten disputar la prueba. Si no lo hacen, será el viernes el último intento y en él, el triatlón podría pasar a duatlón, algo que no quiere nadie, salvo la organización que arriesgó, probablemente más de la cuenta, con un trazado bello y sin garantías.
Hace tres años, el triatleta olívico tenía los puntos en el ránking mundial y el nivel deportivo necesario para competir en los Juegos Olímpicos de Tokio y luchar por un puesto de finalista. Lo que sucedió es que, en aquel momento, la selección española estaba formada por dos campeones del mundo, Mario Mola y Javier Gómez Noya -que tenía su último baile- y un Fernando Alarza que también frecuentaba los podios internacionales. Una competencia que cerraba la puerta al vigués. Y, en caso de abrirse, la selección ya estaba hecha más de un año antes de los Juegos cuando el covid obligó a su aplazamiento.
Quizás por esos meses de 2021, el vigués vivió sus mejores momentos de forma, pero aquella prueba japonesa la tuvo que ver por la televisión y la oportunidad le llega ahora, en París, y ya sin ninguno de los anteriores integrantes de la selección española en activo. Serrat es el que aguanta y lo hace tras clasificarse como el mejor español del ránking olímpico, aunque con ciertas dudas en el último año de competición porque no terminó de brillar en las pruebas de la Copa del Mundo.
Parece el vigués algo peleado con el sector de natación. Malas decisiones de ruta, algún golpe sufrido de más o, simplemente, sectores menos rápidos de lo esperado lo están lastrando demasiado en el tramo de competición en el que “no se gana, pero sí se puede perder la carrera”, reconoce él y casi todos los especialistas en la disciplina de los tres deportes.
Precisamente, en la capital francesa, el tramo de agua se presenta como fundamental, capital. Siempre y cuando se pueda nadar en las corrientes del Sena y con lluvia en la ciudad, que incrementa esa “mala calidad” de agua que ya obligó a un primer aplazamiento. De no hacerlo, quedaría una prueba de duatlón, es decir, algo totalmente diferente porque, además, el ciclismo no es, precisamente, selectivo. Y, en caso de poder zumbullirse a los pies del puente de Alejando III, la competición se antoja como dura y selectiva porque es agua dulce, ya de por sí más lenta, y plagada de corrientes.
Siempre existen en un curso de agua y todavía un poco más si estuvo lloviendo unos días antes. La elección de la ruta puede costar muchos segundos. Desplazarse tres metros hacia un lado y otro del río resultará decisivo en unas aguas con poca visibilidad y en un trazado con inicio y final bajo el puente con una vuelta larga y otra corta en el Sena. Como es habitual, los mejores del ránking escogerán lugar en el ‘pontón’ de salida y, con él, el punto para la ruta. En caso de equivocarse, el abanico de opciones se amplía mucho.
Serrat buscará salir en posiciones que, si no son cabeceras, al menos le permitan entrar en el grupo delantero de la bicicleta, su cuenta pendiente en los últimos meses y es que, además, para salir del río y alcanzar la zona de transición sobre el puente inaugurado en 1900 fruto de la alianza francesa-rusa que estaba de actualidad por aquellos momentos -mucho cambió la política internacional-, se deben ascender 32 peldaños. Un esfuerzo añadido mientras el cuerpo se adapta a otra modalidad.
A partir de ahí llegará subirse a la bicicleta bajo una previsión de calor y humedad -previo a las tormentas de tarde- y en un trazado con aroma a final del Tour de Francia. Habrá metros por los Campos Elíseos y paso incluido por el Arco del Triunfo. No se sabe si habrá ataques, pero sí que las bicicletas vibrarán en las calles adoquinadas. Será la principal dificultad de esta parte de la carrera. Si hay reagrupamiento y el pelotón es grande, el ciclismo se acercará al trámite, pero si salen varios grupos y se desata la guerra por abrir diferencias o reunificarse, pasará factura el esfuerzo para los triatletas que, tal como es la modalidad en la actualidad, el sector del vehículo de las dos ruedas es el menos cuidado a nivel físico.
Después llegará el turno de correr 10 kilómetros por un trazado plano, de velocidad y agonía con final en el puente de Alejando III donde está instalada una bella tribuna sobre la joya arquitectónica y en la que Antonio Serrat tendrá el calor de amigos y familiares que ayer llegaron a la ciudad. “El río tiene mucha corriente”, comprobaron de primera mano.
El británico Alex Yee, el neozelandés Hayden Wilde, el australiano Luke William y el portugués Vasco Vilaça están entre los principales favoritos, sin descartar al noruego y vigente campeón Kristian Blummenfelt. Quizás, todos un paso por delante de Serrat, pero también es cierto que, en una prueba u otra, el vigués compitió codo a codo con ellos y les ganó alguna vez.
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