Carla Abad: “No puedo más que estarle muy agradecida al balonmano”
Carla Abad. Secretaria Xeral de la Federación Galega de Balonmán
Carla Abad (Redondela, 1987) es lo más parecido que existe a una navaja suiza dentro del mundo del balonmano. Multifunción. Acaba de terminar su etapa como jugadora, es entrenadora, impulsora del crecimiento de la sección femenina del Cañiza, Secretaria Xeral de la Federación Galega y también trabaja con la Española en distintos ámbitos, como por ejemplo formando parte del cuerpo técnico de Jabato en la selección juvenil masculina que se acaba de proclamar campeona de Europa. En medio de esa vorágine, encontró tiempo para acercarse hasta la redacción de Atlántico.
¿Podemos decir que Carla Abad está retirada?
Por el momento sí. He decidido parar un poco porque necesitaba centrarme en el Europeo y en nuevos retos. Por ahora, me lo tomo con calma.
Fue una etapa estimulante en Cañiza. Jugando e implantando el balonmano. ¿Recuerda cuántas fichas femeninas había al llegar?
Muy pocas. Unas doce. El proyecto era obtener para el femenino la misma repercusión que para el masculino y que las niñas de A Cañiza pudieran jugar.
El ejemplo de que se consiguió es que el equipo llegó a Plata. ¿Cómo fue el proceso?
Se basó en un grupo de niñas que ya existía. A partir de trabajar con ellas y competir, el proyecto empezó a crecer hacia la consolidación de una base. Hace unos tres años, logramos tener equipos femeninos en todas las categorías.
¿Cómo compaginaba su rol como jugadora con todo lo demás?
Era complicado. Muchas veces llegaba a las dos y media, entrenaba en todos los equipos y al final me tocaba a mí. Llegaba a la noche casi sin pilas. Y luego, de vuelta a casa. Porque desde A Cañiza a Redondela hay un trechito.
El Cañiza es el filial del Guardés, precisamente un club en el que usted jugó en División de Honor.
Fue una experiencia muy bonita. También muy difícil. Pasas de entrenar menos tiempo a dedicarle muchísimas más horas. La categoría te lo exige. Fue un reto complicado y aunque no tuve muchos minutos, aprendí lo que es vivir el deporte profesional. Muy enriquecedor y un punto de inflexión para saber lo que quería hacer.
¿Qué le parece el crecimiento del club desde entonces?
El balonmano femenino ha cambiado mucho. Se ha profesionalizado. Y es el camino que tenemos que seguir. En ese sentido, el Guardés ha disfrutado de un montón de éxitos y su camino ha sido muy bueno.
Y en su incipiente carrera como entrenadora, ¿qué se siente al ser campeona de Europa en ese cuerpo técnico de la selección juvenil masculina?
Fue una experiencia muy positiva. Fue complicada porque pasamos todo el verano fuera de casa. Pero, teniendo este resultado, no le podemos poner ni un pero. He aprendido un montón en ese grupo de trabajo. Disfruté, aprendí y desde mi faceta ayudé en todo lo que pude al equipo.
¿Cómo es trabajar con Jabato? Es muy fácil. Tiene las ideas muy claras, hace un balonmano sencillo y creo que todos los jugadores están con él.
¿Y usted? ¿Seguirá con él?
Sí. La idea es continuar e ir el año que viene al Mundial juvenil con esta generación.
El siguiente paso es ser primera entrenadora. ¿Se lo plantea?
Necesitaba un pequeño parón para coger energía porque tenía muchos frentes abiertos. Se han ido cerrando y ahora vuelvo a estar en el punto de ponerme objetivos. He tenido alguna opción para dirigir, pero quería centrarme en el Europeo. Tampoco tengo prisa porque estoy contenta trabajando en la Federación Galega de Balonmán.
Su cargo ahí indica que es ‘Secretaria Xeral e Responsable de Formación e Igualdade’. En la práctica, ¿qué implica?
Un poco de todo. Tocamos muchos temas. Me ocupo de la organización de eventos. También de la formación, que espero darle ahora un impulso mayor. Pero es que no hemos parado. La actividad es intensa pero enriquecedora. Digamos que no nos aburrimos.
En el aspecto de la igualdad, ¿cuándo cree que las jugadoras de División de Honor cobrarán lo mismo por hacer lo mismo que sus compañeros de Asobal?
Lo veo lejano. Estamos dando pasos, pero hasta profesionalizar la Liga queda un poco. Es cierto que en la Federación apostamos por la igualdad total. Debe haber lo mismo para ellas que para ellos.
Y en el de la formación, ¿en qué punto está nuestro balonmano?
Estamos trabajando, pero nos queda mucho. Nos está costando meter jugadores en las distintas selecciones. Estamos en una buena línea tanto en los clubes como en la Federación, con Nacho Moyano (entrenador del Cangas) en el área técnica. Seguro que del próximo CESA volveremos con buenos resultados.
Y antes de final de año tiene que haber elecciones. ¿Seguirá en el equipo de Bruno López?
Sí, seguro. La idea es continuar a su lado, al de toda la directiva y seguir trabajando por mejorar nuestro balonmano.
¿Cómo conjuga todo esto con su vida diaria?
Pues quitándole horas al sueño, a la familia y a los amigos... Por ejemplo, no puedo ir al cumpleaños de mi sobrino porque me voy a una concentración en Granada. Es complicado. Pero mi filosofía de vida es ayudar a mejorar el balonmano. Y mientras tenga energía, compaginaré todo.
Lo pregunto porque semejante vorágine no creo que le dé un minuto para echar la vista atrás.
La verdad es que no.
Pues ahora lo va a tener porque se lo voy a mandar yo. ¿Cuándo empezó a jugar?
(Se ríe) En alevines y ya con la temporada empezada. Yo hacía gimnasia rítmica y me metí en la SAR porque estaban mis amigas. Y, al final, soy de las pocas que aguantó hasta ahora al pie del cañón.
¿Cómo recuerda esa etapa?
En el segundo año de alevines fuimos campeonas gallegas. Ya en la etapa juvenil, repetimos. Tuve la suerte también de ir con la selección a Campeonatos de España. Son cosas que te quedan ahí y que te ayudan ahora como entrenadora o desde la Federación para que otra gente la pueda vivir y lo disfrute lo máximo posible.
¿Cuánto ha cambiado el balonmano desde entonces?
Muchísimo. No tiene nada que ver. Sigue en evolución, se ha progresado en varios aspectos, pero, sobre todo, la forma de enseñarlo es totalmente diferente.
¿Y cuánto ha cambiado usted?
Yo creo que bastante. El proceso de estar en la Federación, de entrenadora, de jugadora... te enseña muchas cosas. La evolución es positiva y quizá no soy consciente de todas las horas que llevo invertidas en esto, pero no tengo quejas de cómo se ha portado el balonmano conmigo. No puedo más que estarle muy agradecida. Ha sido muy gratificante en todos los sentidos, tuve la suerte de jugar dos Copas de la Reina con el Guardés. Son cosas que quedan ahí para siempre.
¿Y cuánto espera cambiar usted y que cambie el balonmano?
No lo sé. Sé que necesito formarme todavía más. Aún no me veo capacitada para dirigir a equipos de alto nivel. Creo que, observando y analizando a mis compañeros, entiendo que todavía me queda para llevar a cabo esa faceta y, sobre todo, hacerla bien.
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