Atletismo | Vig-Bay
Un estallido de juventud
CELTA
Lo peor –y lo mejor– de la vida es que no hay vuelta atrás. Se camina entre grandes recuerdos y oportunidades perdidas con el afán de que sean muchos más los primeros que las segundas. Limitando en el tiempo el esfuerzo de memoria, el Celta tiene la desventura de coleccionar ocasiones malogradas esta temporada. Y la de ayer, en un partido muy significativo en lo clasificatorio, es la peor. El Mallorca, que no había sido capaz de sacar un punto hasta la fecha lejos de su campo, se llevó ese premio de Balaídos tras empatar cuando tenía un jugador menos sobre el campo. Un trauma mental y clasificatorio más que superar para un equipo celeste al que un mejor rendimiento futbolístico no le produjo beneficio suficiente. Sigue en descenso una jornada más. Y ya van siete.
Ayer hubo razones para hablar bien del equipo. Por ejemplo, la intensidad con la que empezó el partido, intentando evitar ese mecer futbolístico en el que cayó en los arranques de los dos encuentros anteriores. Se apostó por la presión arriba, con generosidad en el esfuerzo y, lo que es más significativo, coordinación. El Mallorca se limitaba a intentar no cometer errores que facilitasen el ataque continuo celeste en el que se convirtió el primer cuarto de hora.
En un once con sorpresas, como la presencia de Kevin Vázquez por Hugo Mallo y la de Brais Méndez por Santi Mina, además del toque de Lobotka en el lugar de la intensidad de Pape como interior, Rafinha Alcántara se convirtió en el catalizador del juego. Prácticamente todos los balones pasaban por él y el juego vigués se canalizaba por un costado izquierdo especialmente brillante que contaba, además de con las apariciones de Rafinha, con la valentía y fuerza de Néstor Araujo en el inicio, con la brillantez de Lucas Olaza en el lateral y con la generosidad en el ofrecimiento de Pione Sisto. Faltaba, como en ocasiones anteriores, la guinda del remate pero la proliferación de intentos valía la pena.
Hubo de bajar el ritmo el equipo local para recuperar resuello, pero seguía sin pasar apuros atrás. Movía el balón con celeridad en un centro del campo marcado por el toque de Rafinha, Lobotka, Pione y Brais, a la espera de la oportunidad ideal. Que, por fin, llegó. Cómo no, por banda izquierda. Olaza se sacó un gran centro y Rafinha apareció en el corazón del área para cabecear con perfección. El buen juego daba su fruto.
Con el tanto encajado, el Mallorca fue equilibrando un poco más el partido. Sin inquietar a Rubén pero teniendo clara la receta: buscar cualquier posible acción a balón parado. Y, dentro de ellas, tentar el vídeo arbitraje aprovechando la intensidad en el cuerpo a cuerpo que le seguía intentando meter el conjunto celeste.
Conviene revisar el VAR. No por las decisiones de ayer, sino por la tendencia a considerar revisable una acción si el jugador supuestamente objeto de la falta se queda en el suelo y a obviarla si el agredido asume el golpe y sigue. El conjunto isleño sabe de tal tendencia. A la primera, la consulta quedó en nada. A la segunda, penalti. Real, porque Aidoo lo comete. Y Salva Sevilla lo convirtió.
No está el ánimo celeste para recibir golpe. Y menos dramatizados con comunicación con el VAR y revisión del árbitro en pantalla. Así, parece que la herida es mayor. Y tiene el equipo vigués el cuerpo lo suficientemente magullado de inseguridades como para que no le afecte un empate tan próximo a su gol inicial. Mascullando su pena se fueron diluyendo los minutos de la primera parte, incluidos los cinco de añadido.
Tocaba volver a empezar. No hubo el mismo ímpetu en el arranque de la segunda mitad que en el de la primera, pero el control seguía siendo celeste. Y sonrío el árbitro. Una combinación un tanto a trompicones al borde del área mallorquina se convirtió en peligrosa con una afortunada conducción de Rafinha. El brasileño encontró en la izquierda a Olaza –que aporta en todos los puntos del campo– y el uruguayo estuvo listo para proteger el balón y dejarse medio arrollar por el rival. Contacto no contundente, pero suficiente para el colegiado. Aspas no erró el penalti.
En otras circunstancias, el tanto y el juego subsiguiente debían desembocar en una victoria. Porque el Mallorca, pese a tirar de Cucho Hernández y Lago Júnior, no lograba inquietar a Rubén. El Celta controlaba pero debió marcar en una contra clara en el minuto 75, que ni Iago ni Pione supieron sellar. Con todo, Raíllo fue expulsado tres minutos después por doble amarilla. Todo pintaba bien. Demasiado.
Con uno más sobre el campo, el Celta permitió lo que no había permitido hasta el momento. A Budimir recibir de espaldas y abrir a una banda en la que Lago Júnior pudo encarar sin problema en uno contra uno a Kevin. Sacó un centro, Olaza basculó para frenar el remate en el corazón del área de un ariete mallorquín y el balón muerto fue aprovechado por el propio Budimir para marcar.
Era el minuto 82 y quedaba tiempo. Se lanzó el Celta y pudo marcar en otro remate de Aspas que paró Reina. Otra ocasión perdida, otro trauma.
Celta :
Rubén Blanco; Kevin Vázquez (Juan Hernández, min.88), Joseph Aidoo, Néstor Araujo, Lucas Olaza; Stanislav Lobotka, Okay Yokuslu, Rafinha Alcántara; Brais Méndez (Santi Mina, 66), Iago Aspas, Pione Sisto.
Mallorca:
Reina; Fran Gamez, Valjent, Raillo, Agbenyenu; Dani Rodríguez, Salva Sevilla (Lago Junior, min.61), Baba, Febas (Cucho, min.46); Budimir y Take (Chavarría, min.76)
Goles:
1-0 m.20: Rafinha; 1-1, min.31: Salva Sevilla (p); 2-1, m.50: Iago Aspas (p); 2-2, m.83: Budimir.
Árbitro:
De Burgos Bengoetxea (vasco). Expulsó al visitante Raillo (min.77) por doble amonestación. Además, mostró tarjeta amarilla a Aidoo, Araujo y Santi Mina por parte del Celta, y a Budimir, Cucho y Reina por parte del Mallorca.
Incidencias:
Encuentro correspondiente a la decimoséptima jornada de Liga disputado en el estadio municipal de Balaídos ante 13.247 espectadores.
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