Desde el aro hasta el óvalo
ATLETISMO
El vigués Jacobo Soler se proclamó campeón de España sub-23 del 400 (47.04) tres años después de iniciarse en el atletismo tras haber jugado siempre al baloncesto en Salesianos
A menudo, las historias de campeones comienzan con niños pequeños que soñaban con recorrer ese camino. No es el caso de Jacobo Soler. El vigués acaba de proclamarse campeón de España sub-23 del 400 con un espectacular 47.04 -su mejor marca personal- con tan solo tres años de atletismo a sus espaldas. Antes de iniciar su etapa universitaria -estudia CAFD en Pontevedra-, jugaba al baloncesto en Salesianos.
Y es que lo de Jacobo no fue una vocación temprana. Ni siquiera en la prueba que le encumbró como el mejor sub-23 español el pasado fin de semana en Santander. Lo suyo fue una irrupción fulgurante en el tartán tras años en la cancha. “Teníamos buen equipo y lo pasábamos bien. Fueron años muy bonitos”, recuerda de su etapa de relación con la canasta. Pero al empezar la carrera, Soler lo dejó. “Siempre estuve en Salesianos y no me atrevía a buscar otro equipo”, reconoce. Se dedicó entonces a la “buena vida universitaria” sin descuidar su estado de forma. Hasta que un día, tocó correr en clase. Cuando lo vieron, unas niñas le invitaron inmediatamente a probar. “Me convencieron”, destaca. En ese proceso, el Rías Baixas de la capital y su entrenador, Gonzalo Méndez, fueron clave. “Conecté con él desde el primer momento. Me enganchó poco a poco, sin mucha caña al principio”, destaca.
Casi sin darse cuenta, el vigués ya estaba prendado del atletismo. Empezó como velocista con el 100 y el 200. “Hice hasta longitud”, recuerda. Hasta que, de repente, el 400 apareció en escena y todo saltó por los aires en el Campeonato de España sub-23 del año pasado. Soler se colgó la medalla de plata con un más que interesante 47.41. Era la sexta carrera de su vida en la distancia. “Flipé. Fue tanta sospresa que costaba entenderlo”, reconoce. Jacobo acababa de encontrar su prueba.
Ya se sabe que más difícil que llegar es mantenerse. Pero esas piernas están hechas para dar la vuelta al óvalo. Y nunca es tarde. A Gonzalo Méndez se unió Eva Salvado y ambos trabajaron con el vigués en Pontevedra para lograr la confirmación que llegó el pasado fin de semana en Santander. “El trabajo estaba hecho. Solo quedaba pillar la carrera y nada mejor que cogerla el día que más se necesita”, bromea. “Iba con cierta seguridad, pero en el atletismo nunca sabes lo que puede pasar. Por suerte salió redondo”, destaca el olívico, que despidió por todo lo alto su etapa sub-23.
Con el Gallego aún pendiente -"iré a pasármelo bien, sin presión", dice-, Jacobo se centra ahora en descansar y disfrutar. Pero sin perder de vista lo que vendrá. Ahora milita en el Pamplona Atlético para poder competir en las ligas de clubes -"me tratan muy bien", especifica-, aunque sigue viviendo y entrenando en Pontevedra. Y el futuro lo corre día a día. “Lo primero es ponerse objetivos alcanzables”, expresa, antes de ejemplificar: “Este año fui undécimo en el Absoluto, pues el que viene me gustaría entrar en la final". Paso a paso. Como los que daba antes para entrar a canasta. Como los que da ahora para ser campeón de España.
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