Atlántico

MARY QUINTERO FOTÓGRAFA, RETRATISTA DE LA SOCIEDAD VIGUESA

‘Soy una enamorada del digital, aunque la primera vez que lo usé me parecía imposible que saliese algo’

Mary Quintero presentó ayer “Retratista desde os 15 anos”.
Mary Quintero presentó ayer “Retratista desde os 15 anos”.
‘Soy una enamorada del digital, aunque la primera vez que lo usé me parecía imposible que saliese algo’

Mary Quintero presentó ayer el libro en el que recupera casi siete décadas de retratos fotográficos a cerca de cuatro generaciones de vigueses. Con el título “Retratista desde os 15 años”, muestra imágenes de su archivo, acompañadas por texto de Fernanda Padín. La obra, publicada por Xerais, da testimonio de una vida dedica a su profesión, por la que hoy recibirá un homenaje en el Balneario de Mondariz. Antes del acto de presentación, en el que estuvo acompañada por su sobrino, el también fotógrafo, Rober Quintero, comentó para los lectores de Atlántico este nuevo proyecto.
¿Cuántas fotografías recoge en esta publicación?
No lo sé. Comencé a fotografiar en 1947. De esos años se incluyen recortes de periódicos. Las primeras imágenes son de los años 50, después de mi segunda exposición. Fueron 68 años de profesión, donde pasó parte la ciudad por mi estudio. Seguro que hay muchos que pueden reconocer a algún familiar. Ahora sigo haciendo fotografía, porque no puedo dejarlo, pero a otro nivel. Pinto sobre ella en óleo o con otras técnicas. Nunca he dejado de experimentar.
¿Qué le parecen los avances tecnológicos en esta actividad?
Todos los avances me parecen muy bien. Hay que adaptarse. Yo me hice famosa por mi forma de pintar las imágenes, pero cuando llegó el color, dejé de hacerlo. Soy una enamorada del digital, por su inmediatez. La primera vez que lo usé y envié un archivo, me parecía imposible que saliese algo de allí. Lo que pasa que los estudios ya no tienen lógica. Cuando nadie tenía cámara, éramos imprescindibles, pero ahora la gente ya saca sus propias imágenes cuando y como quieren. 
¿Cómo cambió la sociedad viguesa  que se ponían ante su cámara?
Por el estudio de un fotógrafo pasa mucha gente: niños, familias, personas mayores; se cubren ceremonias. Se aprecia el cambio de los gustos, las nuevas modas. Pero yo he trabajado siempre con la alegría, porque a un estudio se acude a celebrar algo o cuando uno se siente bien. Lo maravilloso de mi trabajo es que he estado en muchos eventos de las familias de esta ciudad.
¿Cómo llegó a la fotografía, un mundo dominado por los hombres?
Porque mis padres eran fotógrafos. Tenían un estudio en Lugo y mi hermano y yo seguimos la tradición. Además mi padre tenía una mentalidad muy abierta, porque en mi primera exposición, en 1947, ya quiso que firmase con mi nombre, y me abrió un estudio independiente.
¿Qué le trajo a esta ciudad?
Después de mi exposición, una amiga de la mujer de un cónsul que había retratado, se interesó por mí. Reunió un grupo de amigas para que viniese a hacerles unas fotos. Trabajaba desde el hotel Alameda, también hacía domicilios, siempre acompañada de mi padre. Cuando me casé, como tenía muchos encargos en Vigo, nos animamos a trasladarnos aquí.n