Líder el Celta más canterano
El Celta, con el moañés excelso, sumó su segunda victoria en dos jornadas de nuevo con remontada incluída
El Celta se parece al Celta B. O, mejor dicho, este Celta se parece a aquel Celta B. Claudio Giráldez ha vencido con su locura controlada porque el mayor loco creyente es Iago Aspas. Dos de dos. A estar tranquilo durante la semana y efervescentemente valiente durante los partidos. A disfrutar.
Iago Aspas trabaja de canguro. Por horas; concretamente, por hora y media. Y sin límite de imberbes a su cargo. Da igual uno que cinco o seis. Nada de batallitas del pasado. Mucha enseñanza de presente, mirando hacia un futuro aderezado de locura. Ser más listos que inteligentes, aunque lo primero no se entienda sin lo segundo. Con el moañés ejerciendo de docente, los alumnos parecen más aplicados.
A Claudio Giráldez le gustó su equipo en la segunda parte ante el Alavés, osado más que valiente. Matizando ese ímpetu, el técnico porriñés quiso mandar el mensaje de que quiere ese empuje, aún a costa de perder firmeza en la estructura. El fútbol no es un lego porque las piezas que no encajan son las mejores. Así que hay que encontrar un hábitat seguro en el que se desarrollen los que no son normales. Cuantos más, mejor. Así que los mismos once a jugar.
Si hay un equipo que iguala al Celta en apuesta por la juventud es el Valencia. Rubén Baraja logró la pasada campaña acompasar un puñado de canteranos y explotar al máximo esa fiebre. Desde otro fútbol que el celeste, el che más de transiciones que de posesiones. La intención local era no ceder terreno de salida, como en anteriores ocasiones, y ser capaz de madurar los partidos sin necesidad de tener el marcador en contra. No se logró porque a la apuesta celeste se le vieron antes las costuras que las virtudes. La defensa de los balones en el área propia carecía de contundencia y el rival aprovechó un saque de esquina que los celestes fueron incapaces de despejar hasta en dos ocasiones para que Rafa Mir buscase el recurso de la chilena y Diego López cabecease a gol aprovechando el desbarajuste en las marcas tras varios rechaces.
Es de viejos atermorizarse por lo que pueda pasar, enredarse en dudas porque se supone que jugar con fuego es peligroso y en la conciencia pesan las veces en las que han salido quemado pero, irracionalmente, también las que has salido indemne. Como si no se pudiese repetir la fórmula ignífuga de las remontadas tal que si fuese rutina.
A Aspas y sus alumnos no se les torció el gesto más de lo necesario. Porque están convencidos del camino y saben que esa convicción atrae a la fortuna. Por eso, retomaron el guion. Y una acción de izquierda a derecha, con muchas paradas en forma de primer toque en el camino, llegó a los pies de Aspas. El moañés sabe que si tú basculas con la suficiente velocidad, el rival acaba por dejar desguarnecida una banda. Levantó la cabeza y allí vio a Mingueza pidiendo el balón dentro del área con insistencia. El resto es delicia: el sutil centro y el arrebatado remate de primera. Ni diez minutos hubo que esperar para el empate. Así, la remontada era ya un temor ajeno.
Porque Aspas reinaba. Al primer toque, al genial regate, a la clarividencia táctica, a la carrera viva, a la pausa necesaria… A todo llegaba. La mejor definición de su grandeza fue ser el alfa y el omega del segundo gol. Arranque de taconazo para librar la presión che en campo propio; pase de balón por Beltrán; aparición de Mingueza en campo rival; y llegada para recibir y definir. 37 años de plenitud.
El Celta y Balaídos disfrutaban. Más del juego que del marcador. No hicieron falta más goles para sentirse superior. Hasta el partido quiso entregarse sin más al equipo vigués y una acción a balón parado acabó en un penalti fortuito por una mano de Hugo Duro. Aspas se quiso meter entre los veinte máximos goleadores de la Liga, pero Mamardashvili se lo impidió.
Podía ser que ese error pesase en la conciencia del moañés o de sus alumnos. En la del primero, ni por asomo; en las de los segundos, tampoco, por contagio. El Celta mantuvo el buen nivel de juego en el arranque de la segunda mitad, con el capitán empeñado en encontrar las piernas de Swedberg mientras Douvikas creaba espacios. Aún no ha marcado el griego, pero ha jugado sus dos mejores partidos con el Celta en este arranque de campaña.
Faltaba acabar de convencer al marcador. Lo hizo Beltrán con un golazo al recoger el rechace de un saque de esquina. A bote pronto. Con casi todo hecho, el Celta jugó sus peores minutos. Porque se tuvo que encerrar atrás y así no disfruta. Lo peleó y no encajó por suerte. Pero ganó. Dos de dos. Otra remontada. Y líder, de momento.
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