Fidelidad a la idea de juego del Celta
Giráldez llegó para implantar una idea basada en la identidad predominante en Balaídos en el siglo XXI y está en aras de conseguirlo
No solo es ganar. No solo es remontar. No solo es ser líder. Es el cómo. Porque el sea como sea no suele traer cosas buenas a largo plazo. Claudio Giráldez lo sabe y así lo ejecuta. No es su intención trampear victorias ni ir tirando rascando puntos de aquí y allá. Llegó para implantar una idea basada en la identidad predominante en Balaídos en el siglo XXI y está en aras de conseguirlo. Con hasta siete canteranos en el campo, con el fútbol de salón de vuelta y, cómo no, también con dosis de sufrimiento final. Si no, no sería el Celta.
Sin tocar lo que funciona
Cualquiera que conozca un mínimo al técnico porriñés sabe que es prácticamente imposible que repita un once, incluso aunque salga bien. Ayer tampoco lo hizo. Pero sí que mantuvo lo que funcionó contra el Alavés. Los mismos futbolistas que comenzaron el segundo tiempo hace una semana volvieron a hacerlo de inicio contra el Valencia. Gran elección.
El yin y el yan de Jailson
Jailson volvió a mostrarse fiel a los principios cósmicos del equilibrio porque lo que te da, también te lo quita. El brasileño da la pulcritud de una sala blanca al inicio del juego. Limpia con mucha facilidad la primera línea de presión, tanto con pase como en conducción. A cambio, comete errores tácticos de bulto, como saltar a la presión a 70 metros. También adoleció de falta de contundencia en la defensa del área, pero esto fue un mal compartido con el resto de compañeros -como pasó en el gol del Valencia-. Con todo, sus pros parecen mejorar sus contras.
Cuando él gira el mundo
En el sistema heliocentrista, todo gira alrededor de la estrella. Igual que el Celta, que tiene en Iago Aspas a su monarca absolutista. El rey sol. Su primoroso primer tiempo -especialmente a partir del minuto 15- le dio sentido a todo lo que ocurrió en clave celeste. Desde la presión -robó un par de balones- a la construcción, el último pase y, por supuesto, el remate. Con la excepción que confirma la regla en forma de penalti fallado, el morracense lo hizo todo bien. En lo numérico, asistió y fue asistido por Mingueza, su mejor socio. En lo general, pintó con pinceladas de calidad una obra de arte.
Variante defensiva
Ya en la primera parte, el Celta se comportó sin balón de manera distinta a la habitual. El equipo vigués no giró ayer a 1-4-4-2 en fase defensiva y mantuvo la estructura ofensiva, con los carrileros más bajos para hacer defensa de cinco. De este esquema nacieron varias buenas transiciones en el primer acto y una defensa en bloque bajo en el segundo.
Estrenos y sufrimientos
Claudio movió el manzano tras el descanso con Carreira, que pronto dejó impronta de su capacidad ofensiva. Sin embargo, el Valencia subió de nivel al tiempo que el Celta perdió empaque físico. Esto llevó el partido a un escenario de bloque bajo local. Javi Rodríguez, tocado, pidió el cambio y el técnico porriñés reaccionó con Starfelt. El sueco, que sufre a campo abierto y con la pelota, brilló en la defensa del área, su mejor faceta. Así, el lateral vigués tuvo que demostrar -con éxito- sus argumentos sin balón y Pablo Durán, que también disputó sus primeros minutos, dar energía con carreras largas. Ese fue el pequeño debe céltico en unos últimos minutos en los que tocó sufrir sin la pelota. Nada serio.
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