El Celta merece pero no puntúa
Un buen Celta maniató a su rival, erró tres ocasiones claras y perdió en el descuento merced al tanto de Julián Álvarez
El Celta realizó el mejor partido defensivo de la temporada, el Celta apostó por el juego de mayor control del curso, el Celta llevó el encuentro a lo que planteó su entrenador Claudio Giráldez. Consistió en bajar el ritmo, elaborar e impedir la velocidad del Atlético. En definitiva, que pasaran pocas cosas y así salió. Pero ganó el Atlético, como casi siempre, porque es su especialidad, vive en ese contexto y debido a que Griezmann lleva su camiseta. Generó tres ocasiones muy claras el Celta, no las convirtió. Su rival tuvo dos, anotó una. Fútbol.
Sucedieron pocas cosas en la primera mitad, tan pocas, que podría pensarse que el partido estaba más para el Atlético de Madrid que para el Celta. Tan pocas que no pareció un partido de Claudio Giráldez como entrenador. Tan pocas, que el juego invitaba a la nostalgia, al día de otoño con hojas cayéndose de los árboles debido a la lluvia. Que era el contexto que abrazaba al partido, el cielo gris en la noche que se cerraba sobre Vigo. Caía el agua mientras los futbolistas se esforzaban sobre el terreno de juego en una de esas batallas tácticas tan interesantes para los entendidos como poco atractivas para el espectador medio. “Lo mejor está por venir”, llegó a decir el sesudo narrador al descanso para expresar parte del sopor convertido el partido.
Aunque, especialmente, si existe algún culpable resultó el conjunto del Atlético de Madrid, que en la batalla táctica pareció perder. Una pelea más de posición, de pequeñas ganancias, de piezas, de coberturas, de triangulaciones. En lo tangible, en lo que vende entradas, en lo que gusta, hubo una acción destacada. Eso sí, resultó sublime, de talento, de historia, de fútbol. En una de las buenas asociaciones de Manquillo y Carreira por la derecha, el balón llegó a Iago Aspas, que encontró a Borja Iglesias en el área. Se revolvió el ‘Panda’ protegiendo el balón cuál oso -de su mismo nombre- encogido con el esférico en la barriga. Y, al soltarlo, estaba el moañés en la frontal. Conectó el disparo, seco, a botecitos sobre el césped húmedo y se dirigía pegado al palo para el gol. Todos los toques, la elaboración, el ganar espacios, el avanzar metro a metro, iban camino de encontrar la recompensa. Se interpuso la mano y el brazo del esloveno Oblak tan grande como ágil. Rematador y portero firmaron acciones de enorme calidad y empataron. No entró el balon y se llegó al descanso.
Entre medias hubo otras pequeñas historias como un remate malo de Swedberg, la pelea entre Borja Iglesias y Reinildo, algún centro de peligro del Atlético… Rellenos intrascendentes, a la espera de cosas más interesantes que contar.
Minutos de agitación
Las hubo en la reanudación y, curiosamente, más por propuesta del equipo colchonero que del local. El Celta estaba bien, se encontraba cómodo con balón y no sufría en la retaguardia. El guion seguía de forma similar, salvo que el Atlético se protegió mejor y tapó algo más la salida del esférico del equipo vigués. Aun así, la primera ocasión tuvo sello céltico, de Sotelo, que disparó alto. Entonces, llegó el momento, el movimiento de agitar el partido cuando Simeone tiró de cambios, sacó al Koke del medio y durante unos minutos jugaron juntos Julián Álvarez y Sorloth. Griezmann ejercía de centrocampista y se vivió un intervalo de encuentro en Balaídos que recordó a los precedentes. Carreras, llegadas al área y algunas ocasiones. Faltó el remate correcto, pero se respiraba otro olor con un Celta también cómodo. Duró poco.
Simeone volvió a poblar el centro del campo y las pulsaciones bajaron de nuevo. Se regresó al manual de que sucedieran menos cosas. Se volvió a encontrar cómodo el Celta y apareció la segunda ocasión para el gol. Swedberg centró mal, tan pasado que llegó a la incorporación de Carreira, que tocó hacia el centro y Borja Iglesias remató en la línea del área pequeña. Estaba Oblak, pesadilla del sueño céltico. Ogro nocturno en Balaídos.
Al cuarto de hora final entró el equipo visitante con mayor ímpetu y encerró al Celta. Apareció Guaita para imitar al eslovaco. Mano abajo firme a Rodrigo Riquelme antes de los cambios en la medular que devolvieron el aire al Celta. Incluso Javi Rodríguez tuvo su ocasión en otra llegada de doble centro celeste, disparó alto sobre el noventa.
Pasaron menos cosas que los partidos anteriores del Celta en Balaídos. Poco sucedió como en el buen manual colchonero. Quedaba el verso suelto, Griezmann. Ofreció algún destello bueno, después erró un par de centros y, como es habitual, el tercero lo convirtió en asistencia. Milimétrica, para la llegada de Julián Álvarez. Pasaron pocas cosas, ganó el Atlético. Como casi siempre. El Celta estuvo bien, realmente bien, faltó el gol, el que dan los millones del banco. El que permite introducir calidad desde el banquillo. Pese a todo, la temporada continúa con belleza en el horizonte.
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