El Celta arranca un punto
El Celta, con tres centrales y mal juego, sacó un punto gracias a un tanto de Aspas y a la falta de puntería del Mallorca
En frío, en muy frío, el punto no es malo. En caliente, y en frío también, el juego no es bueno. El Celta, que volvió a tres centrales para que Jailson debutase en Liga siendo titular, empató ayer en el remozado Son Moix. Y gracias, porque la balanza coqueteó con caer del otro lado. Una derrota en siete jornadas. A seguir.
La cabeza de Rafa Benítez no para. Se intuye un cerebro hiperactivo procesando información que debe saber elegir y pariendo ideas que debe saber filtrar. Un chorro futbolístico teórico sobre un terreno de juego imaginario. Un fútbol dibujado tras mil y un borrones buscando la sencillez y la limpieza, la contundencia y la eficacia. Mucho más de prosa que de poesía. De ese magín salió esta semana la propuesta de igualar los cinco defensas del Mallorca recuperando un dibujo aparcado hace meses, para dar así también un hueco en el once a Jailson Marques, el fichaje ya realizado en enero. Y con doble opción para las otras dos líneas: despliegue con dos pivotes y tres delanteros en línea; repliegue con cuatro centrocampistas y un único punta.
Tal vez por la sorpresa en el rival, la puesta en escena del partido favoreció al Celta. Como siempre, sin excesos, a base de matices se construye la realidad cuando aspiras más a la tranquilidad que al excepcionalidad. Y todo pareció cuadrar cuando Iago Aspas adelantó a los vigueses en el minuto 8. Una oda al fútbol directo: saque de portería, casi peinada de Larsen, balón que Maffeo mal controla ante la presión de Manu Sánchez, robo, aparición de Larsen para el pase y gol de Aspas al primer toque. Tanto de delantero no viejo, no jubilado, no mermado, no en las últimas.
El fútbol tiene momentos tramposos. Ilusiones pasajeras que duran apenas segundos, minutos, horas, días, semanas. Pero ilusiones. La realidad es que el Celta, con el panorama perfecto para dejar venir al Mallorca y castigar los espacios a sus espaldas, se refugió en campo propio como en un caparazón. Sin asomar la cabeza ni para respirar, ni para comprobar si, realmente, había metros a la espalda de los defensas mallorquinistas. Encerrado en sí mismo, las ideas se pudren, la piernas se agarrotan y el presente se ensucia.
No fue de repente, pero el Celta comenzó a defender más con la posición que con la actitud. El primer síntoma fue que el Mallorca encontraba espacios entre las líneas celestes; el segundo, que hallaba la manera de forzar saques de esquina sin demasiado esfuerzo, hasta media docena en la primera parte. La enfermedad celeste era la carcoma futbolística. Que no podía acabar de otra forma que con un gol local.
Gol sorprendente
Lo sorprendente fue la manera. Porque con una defensa de tres centrales con Tapia por delante, es pecado encajar en un balón frontal desde centro del campo. Sutil, sí; pero frontal. Salvando el fuera de juego, Gio llegó antes que Carlos y su centro al corazón del área no encontró ni a Unai ni a Jailson, sino a Larin para marcar. Era justo antes del descanso y el Celta tenía un justo castigo a su nula capacidad de crear. Nadie espera una obra de arte, pero sí una obra.
Sentenció Benítez al descanso a Carles Pérez. Invisible en toda la primera parte, incapaz de entrar en juego y sin ser un alarde de virtudes en las ayudas defensivas. Con motivo, dejó su sitio en el campo para el canterano Miguel Rodríguez, que en apenas minuto y medio realizó una buena conducción hasta el borde del área sin final feliz y un disparo desde la frontal. Nada espeluznante, pero muchísimo más que el compañero que lo precedió en esa banda derecha.
Porque el Celta se avergonzó de lo vivido en casi toda la primera mitad y apostó por tener más presencia en campo rival. Sin capacidad de remate, eso sí, porque éste no iba a ser uno de esos partidos en el que se lamenta la falta de puntería, sino que sería uno de los que se lamenta la ausencia de oportunidades.
El Mallorca, en una jornada festiva, quería más y Javier Aguirre lo demostró desde los cambios. Sergi Darder y Abdón Prats para dar calidad en el pase y más presencia en el área. Mientras, el Celta sacaba del campo a Aspas para meter a Douvikas en busca del remate que no tenía. Le funcionó mejor a los locales, que sí encontraron la manera de atacar la espalda de los defensas celestes por mediación de Larin en base a balones largos, pero en sus mejores ocasiones se encontró con Guaita, que vivió un buen partido entre palos y más dubitativo cuando se alejó de ellos en el juego aéreo.
Como el Celta no llegaba y el Mallorca no acertaba, el partido se fue convenciendo de que iba a ser un empate. Que no daba para más. Nada malo, poco bueno.
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