El Celta se amarra a Primera

Jugadores, cuerpo técnico, cuerpo médico y asistentes del primer equipo festejan la permanencia en el vestuario de Granada.
photo_camera Jugadores, cuerpo técnico, cuerpo médico y asistentes del primer equipo festejan la permanencia en el vestuario de Granada.
El Celta ganó en Granada casi contra sí mismo y cerró la salvación en otra temporada para el olvido casi total

Con muchísimo más drama del preciso, el Celta selló ayer la permanencia en Primera con una victoria en Granada. Tras un mal primer tiempo y tras poner en peligro un 0-2 a favor ante un rival muerto. Pero lo logró. La bajada de telón deseada. Aunque habrá que mirar las miserias que esconde detrás.

Al Celta se le olvidó que no tenía que estar en tensión por el colchón sobre el descenso. Y al Granada se olvidó que ya había descendido. Dos olvidos pero de muy distinta naturaleza, ya que a uno lo bloqueó mientras que al otro lo liberó. Nada nuevo, aunque uno siempre cree que está curado de espanto hasta que la realidad lo espanta. Al equipo celeste le espantó su, de nuevo, mal comienzo de partido, con el rival llevando la iniciativa en la presión y metiendo miedo a base de acumular saques de esquina, con Vicente Guaita interviniendo de buena manera.

Pero el espanto todavía no había alcanzado toda su magnificencia. Porque el Celta se perdió en diatribas mentales que lo bloquearon. Los pases al rival fueron apareciendo como por encanto, concediendo al Granada posibilidades de acercarse al área celeste con visos de marcar. No lo hizo porque erró en las decisiones últimas, punto éste en el que sí notó lo vivido durante toda la temporada.

 

 

Nada salía como el Celta había planeado, con ese intercambio de bandas entre Óscar Mingueza y Hugo Álvarez para que el canterano formase más en la línea del centro del campo por la derecha para dibujar un 4-4-2. La cuestión es que los célticos eran incapaces de hilar dos pases con precisión, pese a haber recuperar para el once la línea Jailson-Mingueza-Aspas. El primero tuvo tanto balón que el porcentaje de aciertos decreció; el segundo pareció no hallar la manera de entrar en juego desde la izquierda, algo molesto por la inevitable búsqueda de su pierna derecha que eliminaba la opción de la combinación rápida; y el tercero tremendamente fallón, aunque sin perder las intención de intervenir para dar salida. Renato Tapia y Hugo Sotelo formaban un centro del campo novedoso que no lograba entrar en juego, más allá del habitual afán del peruano por estar en casi todos los sitios.

En tal tesitura, las apariciones de Luca de la Torre para conducir el balón hacia el campo contrario y las acciones de espalda de Jorgen Strand Larsen eran los únicos alivios. Eso y el marcador, que no castigaba en esta ocasión la mala puesta en marcha del equipo dentro del partido.

Lentamente, el Celta se fue calentando, a medida que el Granada se enfriaba porque el Nuevo Los Cármenes ha padecido mucho como para mantener el fervor de manera permanente. Empezó a encontrar su sitio en el campo Sotelo, que es sinónimo de pase. Y en los últimos cinco minutos antes del descanso, el conjunto vigués acumuló otras cuantas llegadas y exigió hasta tres intervenciones del meta local, Marc Martínez. De la Torre, Larsen… El equipo por fin tenía llegada, aunque esos últimos instantes no debían borrar la mala impresión general de los minutos previos.

Tocó revisar de nuevo la apuesta en el descanso, en este caso con un par de cambios. Beltrán recuperó su sitio en el centro del campo porque Tapia sufrió un fuerte golpe que lo tenía mermado. Y Bamba sentó a De la Torre para tratar de agitar un poco más a la defensa granadina. No hubo una reacción mágica, ni mucho menos. Pero sí se produjo una aparición muy noticiable: Iago Aspas halló el tempo justo para aparecer y hacer crecer.

Y en cuanto el equipo se estiró, el Granada rememoró sus miserias. Esas desconexiones suicidas como la que favoreció el primer tanto celeste, fruto de un saque de banda pésimamente defendido por los locales en lo posicional. Hugo Sotelo olió el hueco, encontró la pared con Aspas al borde del área y su pase al corazón del área lo envió Larsen a gol.

No era cuestión de pararse a pensar en méritos o deméritos. Era imprescindible aprovechar la ola. Y volvió a aparecer el astro moañés para romper el sistema defensivo del Granada con un mero gesto y un pase en profundidad para otro desmarque más del Larsen. El noruego ejerció en este caso de pasador y Bamba de goleador. A la hora de juego y en apenas tres minutos, el partido quedaba visto para sente…

Ni hablar. La salvación exigió una dosis de dramatismo. Desmelenado. Guaita, inactivo en la segunda mitad, capitalizó los focos. Primero, con un mal despeje que Bruno Méndez convirtió en el 1-2. A continuación, con una excepcional parada que evitó el 2-2. Y ya en el descuento, con un penalti en otra errada salida. Antonio Puertas, que se despedía del Granada, sufrió el golpe castigado con la pena máxima. Nada comparado con el que sintió al errar dicho lanzamiento. El Celta se salvó casi de carambola. Con un dramatismo exacervado. Probablemente, una temporada como ésta no merecía más. Abajo el telón.

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