El PSOE en su laberinto

El PSOE en su laberinto

Todos vivimos en nuestro laberinto, más o menos perdidos en él, y el PSOE no iba a ser una excepción. Sin embargo, en tanto que quienes pretenden salir de él buscan sus afueras, el PSOE de Sánchez, o sea, Sánchez y los incondicionales de que se ha rodeado, parece empeñarse en la peregrina tarea de buscar la salida sin moverse del sitio, llevado por la extravagante convicción de que la salida vendrá a él.


O dicho de otro modo; reducida a extremos críticos su representación parlamentaria, tocada del ala su maquinaría orgánica, inmerso en el marasmo de las purgas, la ideología en proceso de reforma integral, perdido el ascendente que tuvo en la sociedad y diluido su crédito ante el electorado, Sánchez pretende, impávido en el corazón del laberinto, constituirse en el eje de la oposición y en la referencia clave, principal, de cuantos españoles ansían, a su vez, salir del laberinto de desigualdad, corrupción, desafueros e incompetencia de la derecha gobernante. Y, a tal efecto, recibe a unos y a otros en su búnker, sin reparar, ya digo, en que la salida es una cosa que da a la calle, no a los pasillos.


En la calle, donde está la salida, se espera que el PSOE de señales de vida, o sea, que salga y se muestre de manera unívoca. Dentro del laberinto, todos somos la misma cosa, criaturas extraviadas, y no se nos puede exigir más. En la calle es distinto: allí hay que llevar un paso, pero, sobre todo, un rumbo. Incomodidades aparte, en los laberintos no se está tan mal, y no parece sino que el PSOE añora los ocho meses de laberinto absoluto, desde el golpe a las primarias, en que no ha necesitado decir ésta boca es mía por hallarse engolfado en sus movidas internas y un punto cainitas.


Exhibiendo su nuevo eslógan, "Somos la izquierda", el PSOE cree que, en efecto, es la izquierda, pero, de momento, lo único que ha demostrado es que quiere ser o ser visto "como" la izquierda, condición que atribuye a Podemos, y que, por cierto, Podemos también se atribuye. Para ser no "la" izquierda, sino "de" izquierda, el PSOE tendría que ser el PSOE, pero entre unos y otros, y desde hace mucho, le han borrado la identidad. En el laberinto no, pero en la calle, hoy, se necesita sobre todo eso, identidad.