Puigdemont y Leia Organa

Puigdemont y Leia Organa

Si en lugar de  empeñarse en ese absurdo peinado que recuerda vagamente el que llevaba  Ringo Starr, el prófugo Puigdemont se arreglara el cabello con dos trenzas dispuestas a manera de ensaimada cubriéndole cada oreja, es muy posible que pudiera confundirse con la princesa Leia en el caso de que se saliera con la suya y pudiera gobernar desde Bruselas valiéndose de un holograma. La saga de la Guerra de las Galaxias se iniciaba precisamente con aquella filmación de la princesa Leia Organa dirigiéndose a su pueblo que soporta en sus entrañas el robot R2D2, y convendrán conmigo que el tal Puigdemont, peinado con rodetes al estilo Isabel II y una túnica suelta, angelical y blanca que disimule sus formas ligeramente entradas en carnes, ofrecería una imagen sumamente impactante en el disparatado caso de que se le permitiera gobernar desde su refugio belga la comunidad de la que huyó como un conejo y en la que ni siquiera  ha ganado las elecciones. El reglamento interior de la cámara catalana no hace referencia alguna al lugar donde debe estar su presidente pero si lo define claramente el ordenamiento jurídico español al que se acogen para su dictamen los letrados del Congreso. El presidente de un gobierno español aunque sea autonómico, debe tomar posesión y residir  físicamente en el territorio que administra. Cualquier otra hipótesis esta fuera de lugar.
Quiero creer que esta mamarrachada de  una presidencia ofimática  se descartará en el mismo momento de ser propuesta como no cabe otra forma, y estoy convencido de que las fuerzas secesionistas no aspiran con esta descabellada propuesta a otra cosa que a marear la perdiz. Al fin y al cabo, el soberanismo no aspira a otra cosa que a ostentar poder y encontrará la fórmula de desempeñarlo aunque tenga que ir descabezando candidatos por el camino. Puigdemont no presidirá la Generalitat y es muy probable que tampoco pueda hacerlo Junqueras, recluido en prisión preventiva y a la espera de juicio por orden de la autoridad judicial que no se fía un ápice de sus supuestas buenas intenciones. Al que le toque la presidencia haciendo buena la mayoría ajustada que conforman los partidos unidos por la idea de la separación, habrá de solventar unas cuantas situaciones complicadas y tendrá que gobernar además una comunidad venida a menos. Pero no habrá renuncia. Y si los diputados pendientes de juicio no pueden jugar el partido se les obligará a rechazar su acta de diputado y correrá la lista. Todo menos perder el gobierno. El objetivo es librarse del 155 y gobernar. No por defender una idea patria sino porque es muy jugoso. La pela es la pela.