La labor policial

La labor policial

La Guardia Civil ha resuelto, con la competencia y el celo que acompañan sus quehaceres, el caso de la desaparición de la joven Diana Quer, una muchacha de dieciocho años raptada en una noche de verano cuyo cadáver han localizado los agentes que investigaban el suceso en la profundidad de un pozo sito en una antigua nave industrial abandonada. El escalofriante episodio ha culminado con un trágico colofón que resultaba desgraciadamente  dado por hecho. La muchacha madrileña fue asaltada de madrugada mientras volvía sola a casa procedente de una fiesta, el criminal la introdujo maniatada en su coche, se resistió a ser violada y murió defendiéndose. Su asesino la tiró al pozo con contrapesos para que no saliera a flote, y en esta negrura ha permanecido más de un año hasta que los investigadores han conseguido reunir las pruebas suficientes para inculpar al homicida. El máximo responsable de la unidad de la Guardia Civil que ha llevado la investigación manifestaba ayer que su equipo tenía claro el nombre del autor desde primeros de noviembre.
Esta terrible muerte, cuya autoría ha sido descubierta gracias a la perseverancia y discreción de un cuerpo policial ejemplar cuya equiparación en salarios con los autonómicos es –como ocurre con la Policía Nacional- imprescindible y de obligado cumplimiento, proporciona además del dolor inmenso que padece hoy su familia, un amplio abanico para la reflexión que nos afecta a todos comenzando por los periodistas cuyo comportamiento en general ha dejado mucho que desear y nos obliga a plantearnos dónde se coloca el límite de nuestra propia conciencia. Los mismos medios de comunicación que especularon sin razón ni fundamento con el comportamiento de Diana y se refirieron obsesivamente a su frívolo y díscolo comportamiento, lanzan al viento hoy  la acusación de injusto trato a la víctima que ellos mismos se encargaron de fomentar y propagar. Los mismos medios que acusaron a la Guardia Civil de desorientación, galbana e incompetencia, saludan hoy sus méritos olvidando sus anteriores comportamientos. Me recuerdan a un director que tuve y que, tras lo que él supuso era  una incompetencia policial en un caso de gran trascendencia, tituló en primera página: “La policía de Vigo no se entera”. Dos días después, los agentes detuvieron al asesino confeso y este mismo irresponsable mando titular: “Los policías de Vigo van como motos”. Líbrenos Dios, en el oficio y fuera de él, de semejantes sujetos.