El fracaso de Trueba

El fracaso de Trueba

La reina de España”, una película de catorce millones de euros que acaba de estrenar el oscarizado Fernando Trueba, ha resultado una ruina al recaudar sólo 387.000 el fin de semana de su estreno, mientras otras similares pueden colectar millones.
 Los comentarios progresistas atribuyen el fracaso a “los fachas” que la han boicoteado en las redes sociales.
 Un castigo a Trueba por haber dicho en septiembre de 2015, al recibir un galardón cinematográfico del Gobierno Rajoy, que no se había sentido español ni cinco minutos de su vida, y que deploraba que los franceses no hubieran ganado la guerra de la Independencia.
 Una boutade (RAE) contestataria, de doctrina políticamente correcta, mientras cobraba españolísimamente el premio.
 Los comentarios conservadores alaban que la gente haya dejado de pagarle a quienes la humillan: “El país comienza a homologarse con otros en los que no se insulta impunemente a la Patria”.
 Pero por otro lado están los críticos cinematográficos. Progresistas y conservadores son casi unánimes, la película no es buena; es vulgar como tantas otras que, sin embargo, recaudan más.
 Trueba presenta fascistas malísimos, comunistas buenísimos y una historia que parodia con tópicos cansinos la España de 1960 en la que Samuel Bronston iba a hacer una película sobre la reina Isabel la Católica.
 Pero si el fracaso de Trueba nace del boicot, quizás se deba a que, efectivamente, parte de la sociedad española que defiende valores tradicionales rechaza ser ridiculizada y tratada como “facha” por progresistas como este director.
 Es gente que no tolera ya el humor autocrítico característico de la Transición; es gente que, coincidiendo con la autoafirmación cultural creciente en otras democracias, recupera el patriotismo; pero no es facherío, aunque también haya fachas: es anti-revolución cultural, anti-corrección política, anti-relativismo.