Catalunya nos roba

Catalunya nos roba

Vio Iahvé que su pueblo se quería independizar del yugo egipcio y les mandó a Moisés para que convenciese “democráticamente” al faraón de que los dejase salir. ¡Y, tras diversas vicisitudes, salieron! Eso sí sin llevarse ni un terrón de aquel país que abandonaban. Ahora es un “iluminado”  el que quiere librar a su pueblo del “yugo” español, pero éste en vez de irse con lo puesto se quiere ir llevándose Cataluña consigo, y eso sí que no. Que se vaya con los que anhelan el referéndum independentista y nos dejen tranquilos. También a la mayoría de los patriotas catalanes que se quieran quedar.
Y es que Cataluña es propiedad de un titular llamado España, es decir de todos los españoles. Los habitantes de Cataluña son una especie de arrendatarios de vivienda amueblada, cuyo arrendador es, en conjunto, el pueblo español, cuyo “amueblamiento” ha sido pagado con el dinero del sudor y lágrimas de la emigración de gallegos y andaluces, principalmente. Nos quieren robar la soberanía, a pesar de que nuestra Constitución proclama la indisoluble unidad de la nación española, cosa que no ocurre con otros casos a los que torticeramente aluden como falso ejemplo de independentismo. (La  culpa es de Ikea con tanto anunciar el felpudo con lo del “Bienvenido a la República Independiente de mi Casa”)
Que comience su particular hégira por el desierto de lo indefinido con su senyera “estelada” de la insolidaridad a cuestas, en busca de una tierra de la que mane cava y butifarra, y no se olvide de recomendar a sus seguidores  que se pongan la barretina, por aquello de “fai un sol de carallo”, que por algo los gallegos, como veteranos emigrantes, mientras arrimamos el hombro, hemos llegado a la pragmática conclusión de que existen otros mundos, pero están en éste.
 Puigdemont y los suyos tendrán que pasarlas canutas en su larga travesía, tragando el polvo de su ingratitud y sin que nadie les “llueva” el maná que antes creían que les enviaba la Mare de Déu de Monserrat, pero que en realidad era María Inmaculada (patrona de España). Será un largo camino, nen, hasta que olviden todo lo español (la paellita, el pescaíto, el vinillo de Jerez, la tortillita, la siesta, los toros) y adquieran una identidad propia, a base de bailar todo el día la sardana y entonar Els Segadors. Una vez descontaminados del sabor español volverán a lo que siempre fueron sus señas de identidad: la confección y venta de paño. Y con el asesoramiento de Gordillo, quizá consigan ocupar alguna finca en Mali o por ahí, para ese tontos por ciento de acólitos que decidieron unirse a los que acordaron romper el cordón umbilical con la “Puta España”. 
¡No tinc por!