¿Subrogación o contubernio?

¿Subrogación o contubernio?

Comienza el verano y vuelven los políticos de otoño (ni son políticos, ni son un coño) a dar por poniente con eso de la maternidad subrogada. “La paternidad es un derecho”, ladran; “el altruismo sí existe”, cacarean; “si no hay dinero de por medio es filantropía”, maúllan. Menuda panda. El gallo encima del gato encima del perro encima del burro, como los músicos de Bremen. Cada cual con su berrinche demagógico. 


 Éstos, los del apóstrofo, lo que buscan es la algarabía del voto LGBI, no nos engañemos. Si votaran también sus mascotas (todo se andará) les ofrecerían píldoras anticonceptivas para que pudieran disfrutar en esos días deshonestos sin tener que apandar después con los cachorros ¿C’s? Deberían de llamarse D’s, de demagogos. De ciudadanos, ejemplares, tienen más bien poco. 


Primero: La paternidad, por mucho que se empeñen los LGTBI jotakaeleeme y todas las siglas que quieran añadirle, será un derecho cuando todos los niños abandonados hayan primero ejercido el suyo a tener una familia que los quiera. Mientras haya un solo niño sin padres los bebés de diseño, a mí por lo menos, así los exhiba como trofeo viviente CR7, me repatean. 


Segundo: No es admisible hacer con las mujeres pobres de los países ricos (el caso de EEUU), ni menos aún con las pobres mujeres de los países pobres (el caso de Ucrania, o de la India) un conejar de comadrejas. Parir por dinero viene a ser tan execrable como matar por encargo.


Tercero: Ante la vana pretensión de que no haya pasta de por medio, lo que según los preclaros politiquillos justificaría la legalidad de la subrogación (¿por qué llamarle así cuando podemos decirle contubernio?) lo primero que se me ocurre es la prostitución por amor a Venus: hay muchos que no se comen una rosca: en el mundo de los derechos echar de vez en cuando un canivete debería serlo ¿Por qué no proponer lupanares free? 


Y cuarto, y último, y principal, e irrefutable, y en serio, que es lo que propuso Rafael Matesanz, creador y fundador de la ONT (Organización Nacional de Trasplantes); y que es lo que garantizaría el anonimato, la ausencia de interés crematístico y el buen hacer samaritano; y que es por donde deberían ir los políticos honestos, los estadistas que no tenemos, ya que la senda está trazada y España es un país modelo en la donación de vida, es regular lo siguiente: Las mujeres que así lo deseen, sean ricas, pobres, feas o esposas de futbolistas y quieran parir por otros, u otras, o como quiera que haya que llamarles, se anoten en la ONT. Punto. 


 Puede que cupieran en un taxi; puede que nos sorprendiera tanto altruismo, y tamaño; pero al menos los españoles no seríamos cómplices –como jamás lo fuimos de la compraventa de órganos- del alquiler de vientres, o el mercadeo de seres vivos. 
 España lo tiene resuelto. Basta articularlo. Por una vez, por favor, que no nos avergüencen los políticos.