¡Qué hartazgo!

Yo no sé ustedes pero yo siento hartazgo ante la interminable opera bufa que tiene como protagonista a Carles Puigdemont.
No hay día en que el ex presidente no monte un numerito. No hay día en que no lance el guante con un nuevo desafío. No hay día en que por una cosa o por otra se pueda dejar de hablar sobre él.
Comenzamos la semana con nuevo espectáculo, esta vez a cuenta de la invitación del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Copenhague para debatir sobre Cataluña. Menos mal que allí recibió la debida respuesta por parte de una profesora, Marlene Wind, que dirige además el Centro de Política Europea. La señora Wind se lo dijo alto y claro a Puigdemont: sus ideas conducen a la balcanización de Europa amen de que la Unión Europea no se puede construir sobre bases identitarias.
Pero seguramente a Carles Puigdemont esta reflexión certera de la señora Wind le ha entrado por un oído y salido por otro. Él esta inmerso en su propio laberinto que no es otro que evitar entrar en prisión si regresa a España.
Pero el espectáculo de Puigdemont se habría acabado hace tiempo si sus compañeros de Junts per Catalunya amen de los de Ezquerra hubieran asumido que les ha salido mal su aventura de intentar dar un golpe contra el Estado de Derecho. Las elecciones celebradas en Cataluña deberían de haber servido para iniciar una nueva etapa. Aún así tengo la impresión de que Puigdemont se ha convertido en un aparatoso "jarrón chino" que nadie quiere y por tanto nadie está dispuesto a colocarlo en su salón.
Carles Puigdemont se resiste claro a dejarse olvidar porque sabe que esa sería su perdición y por tanto recuerda a los suyos y a los otros independentistas que está ahí, y que no pueden abandonarle a su suerte si no quieren aparecer como un atajo de traidores ante los votantes independentistas. Así que los lideres de Ezquerra como muchos de Junts per Catalunya no tienen otra opción que seguir asumiéndole como propio por mas que, ya digo, se haya convertido en un jarrón chino pesado y poco lucido como solo lo son los jarrones chinos.
Lo que me pregunto es hasta cuando Carles Puigdemont será capaz de seguir ocupando titulares y de marcar la política catalana y de rebote la del resto de España.
Nuestro país tiene problemas a los que se presta poco atención precisamente porque Puigdemont no deja espacio para nada que no sea su propio devenir personal y político.
Ya digo que el exceso termina cansando pero por ahora me temo que tenemos opera bufa de Puigdemont para rato.