Presunción de culpabilidad

Presunción de culpabilidad

Creo que mal debe andar la cosa cuando las noticias diarias giran casi siempre en torno a los tribunales. Sin duda la judicatura está atravesando una época de trabajos extras y erigiéndose en protagonista de la sociedad. Evidentemente ninguna culpa tienen los jueces y cuantos a destajo están trabajando en los tribunales. Y eso aquí y allende las fronteras. Época de la justicia y bien que lo están haciendo.
Y esto porque a grandes males grandes remedios. Son incontables ya los dirigentes políticos en todo el mundo que están pasando por los banquillos. Políticos, y de todas las instituciones sociales. Es el cáncer generalizado de la corrupción que se contagia como la lepra por todas partes hasta el punto de que dejan de ser noticia de primera página. Son noticias corrientes.
Ahora bien, dicho lo anterior, en tan turbulenta situación se están introduciendo nuevos estilos que no siempre son buenos. Se dijo reiteradamente aquello de la presunción de inocencia. Fundamental principio al que todos tenemos derecho. Pero poco a poco parece que se olvida este axioma básico para ir introduciendo, en la práctica, otro contrario: la presunción de culpabilidad. Si esto se acepta, las consecuencias son imprevisibles.
Y en ello gran culpa tienen los medios sociales muy prestos, sabiendo aquello del cáncer universal, para culpar por cualquier indicio. Por la más mínima sospecha se hace carnaza y de manera injusta se crean víctimas con irreparables consecuencias. Se hunde la fama a veces de personas inocentes por simples similitudes externas con otros casos verdaderos y constatables.
Es este tema, sumamente grave porque se puede hundir a una persona para siempre; se constatan casos sangrantes de personas después declaradas inocentes. Todos tenemos en la cabeza el caso de una persona que, después de su muerte, los tribunales demostraron su inocencia. Era tarde, la habían matado a disgustos. Hay muertes físicas pero también abundan destrucciones personales por murmuraciones y calumnias, muchas veces para crear titulares o, lo que es más grave, para el medro político de algunos que, de manera correcta, nunca llegarían a nada. Todos conocemos casos.
Considero un grave delito a todos los niveles esa presunción de culpabilidad que se extiende cada vez mas. Estamos muy dispuestos a condenar sin pruebas, a desprestigiar sin motivos y a hundir vilmente sin motivos ciertos. Antes de algunas sentencias estamos viendo como ya algunos publican veredictos crueles. Ya dice el principio latino que “nemo malus nisi probetur”. Y esto debieran tener muy en cuenta muchos medios que sin sentencia firme lanzan llamativas portadas como si fuesen ya ciertas causando irreparables males a quienes condenan de antemano. Son las condenas “publicadas” en medios sensacionalistas a los que parece importar poco el daño causado incluso a las familias de los criticados o condenados. Es tremendo el mal que se puede causar desde los medios de masas a familias enteras.
Y lo aún más grave es que, si después los jueces dictan absoluciones de aquellos condenados previamente, hacen mutis y nunca rectifican. Grandes titulares para supuestas condenas y nulos para rectificar el atrevimiento como fruto del anhelo de hacerse célebres lanzando noticias que al final son falsas. Y esto debiera perseguirse de oficio. La responsabilidad de cuantos andamos en los medios es suma y debiera ejercerse con la máxima cautela.