Windrush

Hay varios debates al día de hoy sobre la estrella del proyecto Vigo Vertical, con fondos europeos, que es la transformación de parte de la Gran Vía en una réplica de las pasarelas de los aeropuertos como Heathrow o Barajas, pero con arbolitos. El problema es qué hacer con una escultura polémica conocida como ‘Los Rederos’. Hubo mucha controversia en su día cuando instalaron ‘El Sireno’ en la Puerta del Sol, y ahí esta como el emblema más conocido de la ciudad seguido por ‘El Nadador’, escultura cortada en trozos, cabeza ante el Hotel Bahía y la cola de lamprea en la Plaza de la Estrella. Seguimos con la estatuilla de Don Manuel Castro en la calle del Príncipe, el ya olvidado vendedor de periódicos que hacía malabarismo con un ejemplar al encanto de los peatones. Al Dinoseto no lo contamos ya que no es más que un seto y cualquier día, si no le dan de comer, muere de anorexia, o el pesquero Bernardo Alfageme que esta de florero en la rotonda de Coia, ‘porque lo quiso el pueblo’ y qué dentro de unos años acabara oxidado. Pero hay una escultura preciosa, que llama muy poco la atención, qué está en el sitio adecuado, dedicado a todos los emigrantes que desde el siglo XIX embarcaban en el puerto de Vigo rumbo al nuevo mundo de América del Sur. Me refiero al de un señor con una maleta, que le ha dicho ‘adiós’ a su familia - la otra parte de la escultura - como en el tango de Gardel, mientras camina hacia el barco que le espera en el muelle de transatlánticos.
 Conozco muy bien el panorama por haber vivido en carne y hueso, en dos ocasiones, el embarco de miles de gallegos despidiendo a lagrimas a sus seres queridos. La primera fue como un niño con mis padres en el ‘Highland Chieftain’ de la Mala Real, que por cierto es hoy un pecio en el Rio de La Plata. Éramos unos pocos en primera clase y el resto en tercera que viajaban en las ‘bodegas’ del buque. La otra vez fue en el ‘Alcántara’ de la misma empresa, pero esta vez embarque en Vigo como pasajero en segunda a incorporarme al ejército argentino para hacer la mili. Es curioso que el mes pasado se recordó el aniversario del hundimiento del Titanic, el barco más famoso con la pérdida de casi 1500 emigrantes de toda Europa. ¿Pero qué tiene que ver todo esto con el título de esta nota? Os cuento. En los años 40, después de la II Guerra Mundial, el Reino Unido, devastado después de 6 años de lucha había perdido gran número de jóvenes qué causó una falta grave de mano de obra necesaria para la reconstrucción del país. 
Una brillante idea fue recurrir a las colonias del Caribe, en especial Jamaica y Trinidad y Tobago. Durante 10 años casi un millón de afro-americanos repoblaron la ciudadanía. La zona de Notting Hill en Londres es hoy famoso por su ‘aire’ jamaiquino. ¿Pero qué ha ocurrido? Resulta que los archivos con toda la documentación de estos ciudadanos fueron destruidos equivocadamente en 2010 por considerarlos obsoletos durante la campaña de purga de ilegales de la Sra. May siendo Ministra del Interior. Antes niños ahora son geriátricos, británicos y sin papeles. El gobierno, dentro del programa de repatriación de los indeseados no tiene ni la más puñetera idea de qué hacer con ellos. El tema ha sido denominado ‘Windrush’, el nombre del barco original que trajo el primer grupo de caribeños en 1948. Otro dolor de cabeza para el nefasto resultado del Brexit.