Las televisiones son un caso, además con reiteración

Las televisiones son un caso, además con reiteración

TVE otra vez “cumpliendo” con sus obligaciones mediante una serie  truculenta y de la España negra. Es de esperar que nos sigan llenando las noches de los lunes de navajazos, crimenes con premeditación, vengadores de adulterios y lindezas por el estilo, aunque el principio no fue malo, sino todo lo contrario: Intervinieron diversas figuras, como el gallego Fernando Ónega o el vasco Iñaqui Gabilondo, entre otros.  El ondarreta nació el mismo año  que servidor, pero se le notan menos que a mí.
Digo que los de Prado del Rey no cumplen, porque las televisiones oficiales no han nacido para dar  sucesos, aunque la serie del semanario El Caso tiene tanto de sociología como de sangre, sudor y lágrimas, que de eso y mas puede tener un suceso.  El semanario de sucesos nació cuando apenas había publicación que los incluyera y menos que profundizara la escueta notificación de las fuerzas de seguridad o las casas de socorro –singularidad sanitaria-  y hospitales que atendían a accidentados de  la automoción anterior al 600, o sea que había pocos automovilistas que pudieran resultar accidentado. El Caso aprovechó también que este  pais nuestro era tabernario, charlatán de peluquería de caballeros, aleja de mi el mal, que las unisex aún no habían llegado. Con esas característica, los pregoneros de los sucesos eran cantidad, hasta que llegó El Caso para dar carnaza a los correveydiles, para llenar de contenido cada pregón.
Había también un empresario osado, Eugenio Suárez, que mantuvo El Caso hasta donde pudo y se inventó algo así como las antípodas periodísticas, que era El Cocodrilo Leopoldo, nacido en 1974 y humorístico, que algunos aseguraban que el animalito recibió tal nombre por nuestro paisano Leopoldo Calvo Sotelo, que ciertamente nadie le vio sonreir, aunque creo que contaba muy bien los chistes.  
Me acuso de haber  hecho cuatro o cinco colaboraciones, para el Cocodrilo, en todo los casos con el seudónimo Javier González, que es el nombre del segundo de mis hijos. En uno de esos textos tiraba de humor ácido para meterme con el todopoderoso ingeniero municipal,  José Sáenz Díez. Se suponía que el técnico era el culpable de que al fijar la rasante de una calle, dejara inservibles la mayoría de los huecos a través de los cuales metian y sacaban de allí los colchones, de la fábrica Flex. Esos accesos quedaban tapados en buena parte y los hacía inútiles.                                      
Eugenio Suárez  no es un empresario malvado que quiere pervertir a la sociedad con el caso.  Fue un emprendedor que supo encontrar un nicho de mercado. Los que vendían información no satisfacían las necesidades de un sector significativo de la sociedad española, no solo  aldeanos y el lumpen de los barrios paupérrimos de las ciudades.  Los periódicos apenas daban asesinatos y atracos ampliados, los mas sonados, pocos, se limitaban a ampliar las notas de Policía o Guardia Civil. Las televisiones tocaban los sucesos de ciento en viento.
Algunos de los mismos que hicieron rico a Eugenio Suárez, se quedaron con la tajada periodística que se comía el en solitario. Los diarios empezaron por dedicarle una página a los sucesos y  con el tiempo muchos han pasada a varias. Las televisiones dan crímenes, asaltos, venganza de género, con el teléfono de denuncia incorporado, que no es suficiente según se viene demostrando, parricidios, etc. Alguna televisión, mas truculenta que las demás, que ya es decir, parecen una copia de los mejores años del Caso.
Aquel semanario de sucesos, aparecido en 1952, llegó a un país tan yermo informativamente, que hubo que esperar cuatro años para que los niños de entonces, viéramos TV la única en 1956. Eso en Madrid,que a Galicia en general se dejaba ver en torno a 1960. Hasta la señal, vocablo que no aprendíamos todos los telespectadores, funcionaba según la clase social demandante y de acuerdo con la comunidad en la que residieras.
Algunos se han mesado los cabellos por la serie de Televisión española sobre El Caso. No estamos ante un nuevo maestro, como fue Narciso Ibáñez Serrador, pero el producto televisivo de ahora es digno artística y técnicamente. Y aquellos que se escandalizan porque ellos han sido los primeros en ver una serie de sucesos, que recuerden “La huella del crimen”, que se emitió varias veces en la Primera, creo que la mas reciente hace unos siete años, aproximadamente.
Está la calidad de los episodios, para comparar con “La huella del crimen”. Estimo que gana esta por goleada, de manera especial los sucesos de mas renombre, “Jarabo” y “El crimen del expreso de Andalucia, y por lo que nos toca, el capítulo dedicado  al horror de la madrileña calle de Fuencarral.  En el centro de Madrid sucedió que una dama viguesa de alta sociedad,  aparecía muerta y su hijo, que llevaba el apellido de Vázquez Varela, el alcalde que convivió obligadamente, fue considerado culpable desde el primer momento. Este vigués estuvo en la cárcel, presidio del que era director el padre de Millán Astray, el fundador de la Legión. Cualquier día se lo contamos por lo menudo.