324 razones para no creer en la sinceridad de ETA

324 razones para no creer en la sinceridad de ETA

Hay 324 razones, sobre 829, para no fiarse de ETA. Son los 324 asesinatos, contabilizados por Dignidad y Justicia que quedan sin resolver del macabro historial de esta organización criminal vascongada. Ni aun los arrepentidos dispuestos a colaborar han ayudado a que se sepa quiénes fueron los autores de aquella escabechina de tiros en la nuca, bombas lapa o bombas por correo. Y el hecho de que todos o gran parte de estos crímenes queden técnicamente impunes porque el paso del tiempo impuso la extinción de responsabilidades penales, siguen vigentes las morales. Y eso sin contar los numerosos daños y estragos igualmente no castigados.
Estos días asistimos a una nueva escenificación bien tramada de la estrategia de ETA para salvar la cara ante la historia de modo que quede justificada su existencia. De entrada, el comunicado de petición de perdón se dirige al pueblo vasco y no al español, en su conjunto, y además delimita el alcance de sus crímenes, de sus víctimas, de su terror.
De todo el conjunto de manifestaciones a las que asistimos, que prueban lo bien tramada que está la estrategia, me parece lo más indigno, vergonzoso e hipócrita es el comunicado de los obispos, lo que nos hace recordar que ETA nació en seminarios y sacristías. Y de nuevo nos recuerda que esta Iglesia vascongada es sucesora de aquella otra carlista, pues del tronco del carlismo emergió el nacionalismo de Sabino Arana y de un partido, el PNV, que surge arrodillado antes Dios, el Dios de los vascos, claro.
El diario “El Correo” ha publicado esta semana una rigurosa información donde detalla las mentiras que contiene el comunicado de ETA y señala: “El comunicado de ETA en el que reconoce el «daño causado» incluye una nota «explicativa sobre el daño causado» en el que la banda alude a uno de los temas más sensibles que tiene sobre su futuro: los más de 300 crímenes sin resolver.
Uno de esos crímenes que la organización criminal borra de su lista fue el tristemente recordado atentado que  el 13 de septiembre de 1974 acabó con la vida de trece personas en la cafetería Rolando de Madrid. Dada su proximidad a la Dirección General de Seguridad y al Cuartel de Pontejos, en Madrid. ETA consideró que era un local al que solían acudir policías y decidió colocar una potente bomba en su interior. La mayor parte de los asesinados eran civiles.
En este sentido, “El Correo” recuerda otro crimen que ETA no quiere reconocer, el que costó la vida  a tres jóvenes gallegos José Humberto Fouz, Jorge Juan García y Fernando Quiroga, que habían acudido, en 1973, a ver la película 'El último tango en París' a San Juan de Luz. ETA los confundió con policías, los secuestró, los torturó, los asesinó y se deshizo de los cadáveres de tal forma que jamás han sido encontrados. Pese a los llamamientos institucionales de todo tipo para que la banda colabore con la localización de los cuerpos, siempre ha guardado silencio sobre este caso.
Y en cuanto a los 324 crímenes sin resolver, ETA no dice nada. Al menos, sería un gesto de verdadero arrepentimiento que dijeran la verdad; pero según código de la banda,  los límites de su colaboración con la justicia son «la delación y el arrepentimiento», como repetidamente pregonan los dirigentes de esta organización y sus afines. 
Ahora, los sectores del PSOE, afines a Zapatero, han iniciado una campaña en el que atribuyen el final de ETA al  ”trabajo silencioso y constante” del ex presidente del Gobierno, quien, pese a anunciar que no lo haría, negoció con ETA tras el atentado de la T4, y que incluso se produjo un chivatazo por parte de la propia policía para que los miembros y colaboradores de la banda comprometidos o relacionados con el proceso pudieran eludir ser detenidos en una operación contra la financiación de la banda mediante la extorsión a empresarios.