Y Rajoy paseando, tan ricamente...

Y Rajoy paseando, tan ricamente...

Debo confesar que me produce cierta ternura ver a quien fuera, hace apenas tres semanas, el hombre más poderoso de España paseando, como uno más, por el puerto de Alicante, antes de, a horas muy convenientes, ocupar su despacho en el registro de la Propiedad de Santa Pola. Creo que Rajoy, hombre de costumbres moderadas y a quien no gusta estresarse, ha obtenido al fin lo que quería: una plaza segura, un sueldo más que decente, los circuitos en bicicleta y quizá volver a las andadas tabaqueras y un buen habano para la larga, larga, sobremesa. Una vida privilegiada de casino y prejubilado con dinero y contando con el aprecio de los suyos.
Ya he dicho que Rajoy, renunciado a la pensión de ex presidente, a sus pompas y a sus honras, se ha marchado bien. Dejando, eso sí, muchas cargas a su espalda (a la espalda del país, digo) y haciendo flotar en el ambiente la sensación de que se marcha un punto apresuradamente, quiza para no tener que limpiarse de la chaqueta registratorial la sangre de la pelea que se adivina en el congreso de su partido, dentro de tres semanas.
No es Rajoy persona para tomar partido por Cospedal o por Sáenz de Santamaría, o quizá por Pablo Casado, y menos por los otros tres que siguen en liza. El, simplemente, no quiere líos y hace algo que debería haber hecho meses atrás: mutis por el foro, y quizá nunca mejor dicho lo de mutis, porque, desde luego, son muchos los que apetecen sus declaraciones y nada lo que él va declarando. Y no, sospecho que no da el tipo del escritor de sus memorias, ni siquiera por vendetta contra alguien, que suele ser el motivo principal por el cual la gente escribe sus memorias, siempre contra alguien.
A Rajoy me parece que le resulta fatigoso cultivar hostilidad alguna. Tiene buenas amistades fuera de la política, de la que me dicen que ha salido más que harto y con esa sensación con la que acaba quien abandona: la de haber sido injustamente tratado. Habrá que esperar un poco, comenzando por el resultado de ese congreso extraordinario del PP que con tan malas perspectivas se presenta, para juzgar lo sin duda bueno, pero también lo malo, del largo pasar de Rajoy por la vida pública, en la que lo ha sido casi todo. Bastante de lo bien que estamos se lo debemos a él, y hay que decirlo. Pero no puedo callar la sensación de que debería respondernos, al menos a los medios, a algunas preguntas quizá un tanto comprometidas. Irse de rositas, sí. Irse sin explicaciones bastantes, no.