¡Pedro nos habla al fin! ¿Dirá algo?

¡Pedro nos habla al fin! ¿Dirá algo?

Será cosa del `omniasesor` Iván Redondo, pero el caso es que hasta ahora Pedro Sánchez ha guardado tan celosamente el secreto de lo que piensa hacer con su flamante y brillante Gobierno como los pastorcillos de Fátima el mensaje explosivo que dicen que les comunicó la virgen María. Puede que en ambos casos no haya nada, pero lo de Sánchez pertenece a lo que toca de lleno nuestros intereses y, por tanto, en algo habrá de concretarse. Esta semana que comienza, tras unos días en los que la actualidad fue —y no es tópico, no— de auténtico infarto, ¡Pedro Sánchez tendrá que hablar a la opinión pública! Saldrá en la televisión oficial, en formato aún no anunciado cuando se redactan estas líneas, y comparecerá en su primera sesión de control en el Parlamento. Y uno, que va conociendo el paño pero jamás pierde la esperanza, se pregunta: ¿nos dirá algo, al menos algo, de todo cuanto quisiéramos preguntarle?
Uno, claro, ni estará entre los periodistas entrevistadores —y uno confiesa que bien que le gustaría a uno— ni entre los interpelantes en el Congreso, comandados por el montaraz portavoz 'popular', Rafael Hernando. La cosa, tanto por lo que respecta a esta entrevista televisiva como a la sesión parlamentaria, promete muchos titulares: ¿cuándo se entrevistará con Torra y para decirle qué?¿Cuáles va a ser, de verdad, sus relaciones con Podemos, que acaba de proponer, glub, un pacto de Legislatura al novísimo inquilino de La Moncloa? ¿Qué más hay tras la imagen `redonda` de un elenco ministerial que, la verdad, es serio, eficaz y tiene más títulos que el propio presidente? ¿Va a seguir siendo todo política de gestos, que es, por otra parte, lo único que permite la aritmética parlamentaria?
A uno le gustaría también preguntarle por cuestiones algo menos... actuales, como si de verdad se va a pensar en el ciudadano a la hora de gobernar, y no en las próximas elecciones. O si promete que les demasías en materia de comunicación perpetradas por el anterior equipo monclovita se han acabado para siempre, y contaremos con unos medios públicos de veras independientes de los poderes políticos —incluyendo al PSOE, claro— y, en cambio, dependientes de los intereses ciudadanos. No son minucias, no, aunque comprendo que el Estado de bienestar que puedan aumentarnos o disminuirnos quienes representan al nuevo poder, que ha venido para quedarse, es lo que más inquieta a la buena gente en la calle, que estaba harta de lo que tenía, sí, pero que me parece que necesita pruebas de que `los nuevos` no van a seguir en las mismas.
Estoy seguro de que Sánchez se encaramará a las buenas y grandilocuentes palabras, intentando tranquilizarnos. Pero solamente podrá hacerlo del todo con propuestas concretas, con ideas, con realidades que podamos tocar, como la extensión de la sanidad pública. Que no todo es comunicación 'redonda' ni fuegos de artificio ni darle un revolcón desde el escaño a un Hernando que, ya lo verán, acudirá a su cuarto de hora de protagonismo provisto de un cañón de sal gorda y de una máquina averiada de picar carne.
Sí, por fin habla Sánchez. No debería ser noticia la comparecencia de un presidente ante los medios o ante el Parlamento, que es urgente que se revalúe. Debería haberlo hecho muchos días atrás. No es precisamente un campeón de la transparencia ni de la comunicación a media distancia —a corta sí, es simpático; atrae en los primeros minutos—, pero tendrá que aprender a serlo (y para ello no bastan los trucos de magos de la publicidad), para afrontar, y ayudarnos a afrontar, los meses que nos quedan.
Y, por cierto, ¿responderá Sánchez a la pregunta de cuándo piensa revalidar su remontada a La Moncloa con unas elecciones?
La respuesta —que no la habrá, me temo—, también esta semana. Habla, Pedro, habla.