Los manifiestos no pueden salvarnos, pero ayudan

Los manifiestos no pueden salvarnos, pero ayudan

Esto me recuerda a aquel referéndum sobre la OTAN, treinta y un años ha. El clima era de extrema tensión y la movilización de los diversos sectores sociales, intensa. El Gobierno de Felipe González, que antes había combatido la entrada de España en la Alianza Atlántica, se volcó, con toda su artillería, en favor del `sí` a la permanencia de nuestro país en el club militar occidental. La televisión era un hervidero, como las radios, en las que empezaban a reinar las tertulias, y como todos los medios de comunicación; no se hablaba de otra cosa. Al final, ganó el `sí`, como no podía ser de otro modo, aunque por un exiguo 52 por ciento. Y ¿dónde está el paralelismo que usted busca con el próximo 1 de octubre?, me preguntará alguien. En los manifiestos, solo en los manifiestos, le respondo.
Toda guerra está precedida por manifestaciones y manifiestos. En Cataluña, se manifiestan hasta los alcaldes vara en mano, protestando contra las `injerencias` de un Gobierno central al que quieren tachar de antidemocrático porque trata de que se cumplan las leyes, entre ellas ese Estatut que los catalanes votaron y aprobaron hace apenas once años. En el resto de España, quitando actos minoritarios como el que se produjo este domingo en Madrid, sigue la indiferencia como si nada pasara -bueno, puede que casi nada vaya a pasar, mirado dentro de un año-. Pero, eso sí, el aire se llena de manifiestos. Los tenemos de jueces, de constitucionalistas, de actores, de escritores, de intelectuales... Casi todos, claro, condenando la antijuridicidad de la votación que se pretende para dentro de trece días.
No sé, la verdad, si todos estos manifiestos, junto al bullir de las redes sociales -yo también me he unido, para lo que valga, al #1oEstafaAntidemocratica-, va a tener alguna utilidad. No la tuvieron aquellos textos, aquellos mítines, aquellas páginas de publicidad por el `no` en los diarios, cuando lo de la OTAN. De poco sirvió que algún afamado cantante, que ahora, por cierto, guarda prudente silencio allá en su Barcelona natal, pidiese el `no`, que, de entrada, había proclamado el mismo Gobierno que ahora pedía el `sí`. El caso fue que Felipe González, aun con Fraga pidiendo inexplicablemente la abstención, ganó y ahí estamos, en la OTAN, en la que hasta ha sido secretario general un español.
Y ¿quién se acuerda de todos aquellos días de tensiones, discusiones leguleyas, artículos y reflexiones brillantes en la prensa? Pues eso. Al menos, hubo movilización social, se movió algo una parte, mínima, de la bostezante mayoría silenciosa española. En los próximos días vamos a tener mucho más de lo mismo: legalidad versus insurrección, dramatismo y especulación en las columnas y más o menos normalidad en las calles. Quizá algún golpe de efecto, salido de La Moncloa o de algún punto del mundo, que no olvidemos que Rajoy, que sigue inalterable, viajará al extranjero, incluso a ver a Trump, en los días inmediatos a la jornada negra.
Tampoco sé si esos golpes de efecto serán muy eficaces, en un sentido o en el otro, porque ¿qué más tiene que pasar en Cataluña para que la sociedad civil despierte, para que los comerciantes, los empleados anónimos, los funcionarios que ahora ya saben de dónde van a cobrar, se rebelen contra un estado de cosas absurdo, surrealista? Ya se ha atacado al Parlament, se golpea la libertad de expresión, se desprecia lo que digan los jueces, los juristas, se ha saciado el cáliz de la corrupción oficial, se ha mentido y se han dilapidado fondos públicos en cosas tan absurdas como la `diplocat` que tan mal conduce un personaje como Romeva. Ya una organización antisistema, que no sería tolerada en ningún país democrático occidental, como la CUP, se ha adueñado de la calle y de las banderas de los balcones. Ya está el miedo a hablar libremente clavado en corazones y cerebros. Ya en todas las cancillerías se preguntan si estos españoles -se refieren también a los catalanes, por supuesto_están locos o qué.
Y ahora todos miran hacia el hombre que, ajeno a manifiestos y alharacas, tiene en sus manos -esperemos que no vacías: sin duda, tiene más información que nadie_la solución o la perdición. Yo, que personalmente, y también para lo que valga, ahora doy mi apoyo al jefe del Gobierno central, porque él, al menos, parece no haberse vuelto del todo majareta, espero que Mariano Rajoy no se haya equivocado en sus cálculos cuando dice que `no habrá referéndum`. Bueno, no estoy tan seguro, pero voto, #1oEstafaAntidemocratica, por que acierte. Este es, en lo poco que alcanzo, mi humilde manifiesto particular. Por cierto, voté `no` a la OTAN. Perdí, y ahora me alegro de haber perdido.