El nuevo chico

Así, el "nuevo chico", es como definió, con humor quizá algo revanchista, nada menos que 'mister Europa', Jean Claude Juncker, al recién llegado al club de los más influyentes de la UE, Pedro Sánchez. Llegado, sí, por carambola, pero al fin y al cabo ahí está. Incluso suscitando las palmaditas benévolas de Juncker, que ha decidido, parece, olvidar pasados agravios de Sánchez, cuando se opuso, contra lo que decía la internacional socialdemócrata, al ascenso del luxemburgués al puesto clave de presidente de la Comisión Europea, alegando que era "demasiado conservador". Y el "nuevo chico", hay que reconocerlo, ha entrado con paso firme en los absorbentes meandros de la europolítica; me dicen, quienes de esto entienden más que yo, que en Europa le respetan "de una manera expectante", es decir, que quieren ver qué pasos va a dar ahora Sánchez, en el plano nacional, en el europeo y en el más globalmente internacional, antes de echarse en sus brazos.
Personalmente, hubiese apostado bastante poco por Sánchez cuando, hace apenas año y medio, andaba al volante de su Peugeot, como un Pablo Casado cualquiera, en busca del apoyo de 'su' militancia. Lo obtuvo a base de un valor que algunos podrían considerar temeridad suicida, y de conectar con las ideas básicas de un electorado que, simplemente, estaba cabreado con el 'establishment'. Luego, 'el nuevo chico' se convirtió en el chico que hacía la política partidista de lo de siempre, para, más tarde, dar un giro de ciento ochenta grados, antes de saltar al vacío de la aventura de la moción de censura que a él, ser mimado por los dioses, le llevaría a La Moncloa.
Lo difícil empieza ahora. Calmar las ínfulas de mero fuego fatuo de Torra. Contener los ímpetus de pluriempleado de Pablo Iglesias, que no quiere sino consumar, por la vía de atrás, lo que empezó en enero de 2016: ya está a punto de hacerse con la televisión pública y luego vendrá, si los demás no contienen la marea, todo lo demás. Atraerse a su campo a Ciudadanos, al PNV -y ¿qué pasa si se acercan los presos a las cárceles vascas? Nada-. Empezar a 'coadyuvar' con los catalanes -y ¿qué pasa si también se acercan los presos catalanes? Nada, tampoco-. Acercarse, paso a paso, a los pensionistas, a los más desfavorecidos, que pueden, porque se puede, ser ayudados. Mejorar la imparcialidad de los medios públicos -ha empezado mal, lo admito-.
A Sánchez hay que empujarle para que ande por el camino que quienes no lo hemos elegido, pero que no tenemos más remedio que escogerle, queremos. Es 'el chico nuevo en la oficina', qué le vamos a hacer; mejor eso que nada, o que lo otro, que ya vemos dónde ha acabado.