¿Una EBAU? ¿De verdad?

¿Una EBAU? ¿De verdad?

No veo que figure en la agenda activa de los políticos en campaña. Tampoco nadie sale a la calle para manifestarse por la muy mediocre educación pública que padecemos en España, aunque muestre sus vergüenzas cada vez que se publican los resultados del Informe Pisa y sea, para muchos, uno de los asuntos que con mayor urgencia habría que transformar. Existe una sustancial brecha entre en interés de los alumnos y  lo que reciben de sus profesores, igualmente desmotivados, sustanciado en programas educativos mal orientados y sobrecargados, que solo se cubren si se tratan rápida y superficialmente. Los efectos, en una buena parte de la ciudadanía más joven, se reflejan en su dificultad para expresar oralmente una idea con una mínima estructura lógica, o para analizar y comentar con soltura y método un texto literario; por no hablar de las dificultades para hacer las operaciones matemáticas más simples, el abandono de los clásicos, de la cultura o de expresarse con cotidianeidad en inglés. Todo un éxito.
Encontrar las razones por las que no disfrutamos de un sistema educativo en el que primara el esfuerzo, la preparación y excelencia de nuestros jóvenes no estaría exenta de discusión. Ya no quiero ni pensar en abrir un debate en el que se intentaran buscar las soluciones. Por tanto, resignados ya del ostracismo en el que se encuentra el debate sobre cheque escolar, justo es dar la bienvenida a cuantas iniciativas puedan contribuir, en cualquier medida, a paliar las anomalías que padece el sistema. “Ciudadanos” ha anunciado que, si gobiernan, instaurarán una única prueba de selectividad (hoy EBAU) en toda España, con el objetivo de unificar contenidos y criterios de evaluación. 
Es de esperar que esta medida cuente con la oposición de aquellas comunidades a las que algunos señalan por reducir artificialmente el nivel de dificultad de sus pruebas (Canarias tiene un porcentaje muy alto de sobresalientes en la EBAU, en clara contradicción con los datos que arroja el Informe Pisa) o de aquellas que se resistan a excluir de sus itinerarios la lengua cooficial. En todo caso, es una propuesta bien recibida por gran parte de la sociedad civil y que hace extensiva para que ninguna lengua sea tampoco un obstáculo para el acceso a la función pública.  
Lo sensato sería una única EBAU y dejar en manos de la ciudadanía la decisión sobre la obligatoriedad de la lengua cooficial en las escuelas (mientras en Galicia se estudia una cada vez más exigente asignatura de Gallego, en otras comunidades ofrecen una segunda lengua internacional, Robótica, Música o Alimentación, por poner un ejemplo).