Opinión

Vida inteligente

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Vida inteligente

La literatura de anticipación ha conseguido profetizar un generoso abanico de adelantos científicos y técnicos que en su momento parecían desvaríos de sus autores y hoy forman parte de nuestra existencia cotidiana. Es cierto sin embargo que algunos otros apuntes sobre la naturaleza común de las cosas en siglos venideros no han dado ni una, y siguen sin formar parte de nuestra existencia. Por ejemplo, la presencia de vida procedente de otros planetas del sistema solar. Cumplidos ya los primeros veinte años del nuevo milenio, no sabemos todavía de ningún extraterrestre que se pasee tranquilamente por las plazas y calles de nuestras ciudades, y las naves interestelares siguen siendo una hermosa y sugestiva entelequia. Lo de la vida en otros mundos lejanos al nuestro era una hipótesis lejana. Solo hasta ayer. Lo que no podíamos ni sospechar es que los telescopios de largo alcance manejados por los humanos encontraran huellas de presencia biológica  en un lugar tan lejano como Venus y, sobre todo, que se produjera en forma de fosfina, un gas tóxico que huele a pescado podrido y que los terrícolas fabricamos de manera industrial para fumigar la tierra. Se puede encontrar en los pantanos y en los parásitos que habitan en los animales muertos, y es por eso por lo que los científicos británicos que han descubierto su presencia en las nubes de Venus pueden identificarlo remotamente con la presencia de vida.

Cabe otra posibilidad que probablemente se le habría ocurrido a Ray Bradbury y no a la doctora Graves, la científica galesa que lidera el equipo autor del descubrimiento. Que los venusianos tengan montado un sistema de producción a gran escala de PH3 para fines industriales en su tierra, y la tengan toda perdida de restos venenosos como nos pasa a nosotros con la nuestra. Si eso es así, entonces en Venus hay vida seguro, tan perra y tan irrespetuosa como la nuestra. Humo, fábricas sin control, residuos que ponen el cabello verde, y toneladas y toneladas de mierda en suspensión proyectadas a la atmósfera y depositadas en la periferia de aquel planeta. Si los venusianos se enteran a la vez de cómo nos las gastamos nosotros, en un futuro próximo nos vamos a entender estupendamente.

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