Opinión

Un país de feria en feria

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Un país de feria en feria

Es el nuestro un país de titiriteros y hemos llegado al primer tercio del milenio nuevo auspiciando y patrocinando una clase social que vive del disparate y así no vamos a ninguna parte. El lunes, sin ir más lejos, compareció ante los tribunales de Justicia un sujeto que no solo debería estar ya inhabilitado por su indecente comportamiento pródigo en trapacerías, calumnias, estafas, deslealtades y rebeliones múltiples sino también por su absoluta incompetencia en materia de actuación política. El sujeto es, naturalmente, Quim Torra, quien, además de cometer un delito muy grave de desacato en la misma sala en la que se le juzga por desobedecer las órdenes dictadas por un órgano competente como la Junta Electoral, se ha convertido en una auténtica nulidad incapaz de gobernar su predio e inepto para ejercer las funciones para las que juró su cargo. En su ya largo e insufrible mandato, no ha sido capaz de aprobar ni una sola ley, no ha sido capaz de sacar adelante unos nuevos presupuestos, y ha desertizado Cataluña, a la que le va a costar años recuperarse de esta locura alentada por un personaje de condición tan deshonesta que es capaz de participar personalmente en determinadas actividades de acoso al Estado -se ha personado en algaradas y cortes de carreteras- y, al mismo tiempo, envíar a sus policías a impedirlo. Un doctor Jeckyll y mister Hyde con butifarra y barretina.
La barretina es un tocado hermoso, muy frigio, y que suele sentar bien por su forma y su colorido, pero Torra tiene la cabeza muy grande. La butifarra le sirvió en estos días para elaborar algunos chistes de gusto más que dudoso que deberían acarrearle un castigo por  desacato que sería pertinente añadir al de desobediencia por el que se sienta en el banquillo.
Entramos en una semana en tobogán. A última hora de la mañana de ayer se conocía la sentencia que ha dado por concluido el proceso de los Eres de Andalucía, cuyo contenido legitima las sospechas y actuaciones de la jueza Alaya, a la que los compinches de los hoy condenados a prisión, inhabilitación y multa quisieron linchar públicamente por la instrucción del caso. Falta por saber si Pedro Sánchez va a iniciar sobre la marcha una moción de censura contra sí mismo, teniendo en cuenta que fue la corrupción el argumento sobre el que basó la que acabó con el Gobierno de Rajoy. Si no es así, al menos debería dimitir. Aunque fuera por coherencia. No lo hará pero ya no vale para presidente.

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