Opinión

Objeto de culpa

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Objeto de culpa

Recurriendo a peregrinos argumentos destinados a tocar la fibra sensible de los ciudadanos e imaginados a toda prisa por el laboratorio de marketing de la Moncloa donde el gurú de la comunicación y esteta de la corrección política Iván Redondo, elabora a contra reloj sus estrategias, la maquinaria gubernamental impone la tesis de la salvación de vidas para explicar el pacto nocturno alcanzado por el grupo socialista con Bildu y Podemos,  que dinamita la reforma laboral que el PP puso en marcha  amparado por un acuerdo parlamentario, por lo que se demuestra que nada de lo que apruebe la Cámara tiene la vigencia asegurada sino que pende de un hilo. La estrategia de utilizar las víctimas del coronavirus en Madrid  para respaldar una maniobra política claramente interesada y partidista, añade mendacidad a la maniobra, pero es evidente que ya no hay fronteras, que los límites se han pulverizado como la propia ley que se invalida, y que mentir ya no cobra peaje. Pedro Sánchez se ha pasado mintiendo lo que va de legislatura y, hasta el momento, ha salido vivo de todas. El presidente recuerda mucho a Arsenio Lupin, aquel legendario ladrón de guante blanco héroe de la novela decimonónica de detectives, que vivía agazapado en el más oscuro anonimato del que únicamente salía para cometer uno de sus famosos robos, y retornar de inmediato a su refugio secreto. Sánchez permanece a cubierto manejando las sombras, irrumpe brevemente en el mundo exterior, comete una de sus inveteradas tropelías, y vuelve a su refugio dejando a los demás la delicada e ingrata tarea de cubrirle las espaldas. La ministra portavoz, María Jesús Montero, y  el veterano Rafael Simancas, han sido esta vez encargados de interpretar la astucia que convierte a la oposición en responsable única de los hechos. Sánchez ha pactado unilateralmente con Bildu el derribo de esta reforma laboral única y exclusivamente para salvar vidas. Esa es la orden y hay que aprenderse el catecismo. Por Montero da igual porque no se le entiende,  y yo todavía estoy en la fase de aprender cómo se usa, que modelo conviene, y cuándo y dónde hay que utilizar las mascarillas. Pero Simancas es menos apañado y flexible por muy fácil que se lo han puesto los de TVE para que se luzca. Ya se sabe que cuando pintan bastos, apelan a Donald Tramp y Boris Johnson que siempre distraen mucho. O sea, ahora mismo.

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