Mujeres al debate

Mujeres al debate

Escéptico de casi todo, salvo las cuatro o cinco cosas que el paso de los años y lo mucho vivido me han dejado intactas, también lo soy de los debates televisivos, esos que anda rehuyendo el presidente Sánchez, que parece un bandolero con la manta al hombre y el cabello fruncido por una pañuelo de sábana anudado en el cogote, triscando de sierra en sierra y gastando polainas a la carrera, como si llevara a todos los picoletos de sombrero de medio queso y macuto  a la espalda detrás de él, en su ahora me ves ahora no me ves, muy predispuesto a no aparecer en ninguno de ellos para que no le trastabillen su fiesta.
En el del otro día tampoco creí, porque no tengo yo muy cierto que, encorsetados por un formato que no permite más maniobras que las que marca el protocolo, puedan los intervinientes ofrecer otra cosa que lo mil veces aprendido dos noches antes de la cita, hablándole al espejo. Sí percibí, eso es cierto,  una característica en el ámbito del encuentro, para cuya advertencia no es necesario estudiar precisamente Física Cuántica en el Tecnológico de Massachusetts. El absoluto dominio de las mujeres y su próximo papel de élite en el escenario político de nuestro país en un plazo cada vez más breve de tiempo. El mundo es, sin duda, de las mujeres y la política nacional también lo será, sospecho además que afortunadamente. Las grandes protagonistas de esta cita fueron las mujeres, su fuerza en el encuentro y su completa ausencia de prejuicios dialécticos. A Iglesias se lo va a comer por las patas en cuestión de meses su pareja Irene Montero, Inés Arrimadas tiene fuego interior y además, hace mucho que ha colgado el miedo en el perchero, Cayetana Álvarez de Toledo también ha mandado a paseo el miedo, no se calla ni debajo del agua y ha inaugurado una nueva fórmula de entendimiento tan interesante y tan sencilla como decir simplemente lo que piensa, y María Jesús Montero, exigida por su condición de ministra, hubo de cargar con la desagradable condición de explicar la posición  del Gobierno y lañar sus múltiples carencias. Pero tiene la gracia desenvuelta y trianera, y va a ser clave en el “sanchismo” que viene, ya lo verán ustedes. En mi opinión, esa percepción tan sencilla y tan trascendente a la vez, fue lo mejor de este ejercicio inútil llamado debate. Si Sánchez no va –o si va- tampoco va a pasar nada.